Bernardita Ojeda Labourdette: “El cómic debe ser una alquimia entre guionista y dibujante, una mezcla perfecta”.

Texto: Carlos Andueza Fotografías: Camilo Mendoza Edición: Vabra Vilches Ganga

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El departamento de la antropóloga y guionista de cómics Bernardita Ojeda Labourdette es, prácticamente, una biblioteca. Y se entiende la razón: Bernardita es una lectora voraz. Ha asegurado que lee dos libros al día, que su colección personal cuenta con más de tres mil ejemplares y que ha leído, hasta ahora, más de diez mil. Y sigue contando.

De día, Bernardita está encargada del área de Comunicaciones y Desarrollo Institucional del Museo Nacional de Historia Natural; pero de noche, se preocupa de que los continentales conozcan las tradiciones de Isla de Pascua escribiendo los guiones de la saga de novelas gráficas “Varua Rapa Nui“. De esta tetralogía ya se han publicado dos volúmenes: “El hundimiento de Hiva” (2012) y “Luces y sombras” (2013).

Cualquiera podría pensar que, por su prontuario de lectoría, Bernardita derivó en la escritura de manera natural, pero asegura que no fue así. En entrevista con Mesa Gráfica, la guionista cuenta cómo fue vivir su infancia en Isla de Pascua, explica el proceso creativo detrás de sus novelas gráficas y aclara una acusación de plagio. Además, analiza el oficio de guionista de cómics y confiesa cómo se sintió al recibir el premio al Mejor Cómic Chileno de 2012 en la FIC Santiago por su primera historieta. Sigue leyendo

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Galería: Entrevista a la guionista Bernardita Ojeda Labourdette

Opinión: Mi vida como guionista

Nuestro colaborador, el guionista Felipe Benavides, nos cuenta su experiencia personal siendo guionista de cómics en Chile, describiendo la relación que se forma con el dibujante y el editor y enumerando las distintas actividades que rodean el oficio de guionista.

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Ser guionista de narrativa gráfica es una tarea difícil; es como querer tener un hijo sin una pareja. ¿Por qué? Simple. Para hacer una obra de narrativa gráfica se necesitan, al menos, 2 personas: un guionista y un dibujante. Sé que algunos dirán que existen artistas “integrales”, pero aun ellos deben admitir que necesitan más personas para hacer sus publicaciones. Además de un dibujante, un rotulador, un editor, por sólo nombrar a algunos, porque escribir un guión no se trata sólo de contarle una historia al lector, como lo hacen los escritores en sus novelas. Esto va mas allá.

Les hablaré de mi experiencia laboral, no del cómo ni del porqué llegué a ser guionista. Cuando recién comencé a escribir guiones, las dificultades fueron evidentes (partiendo porque contaba malas historias): mi manera de narrar era muy “audiovisual”, me imaginaba planos y escenas que claramente eran para cine o animación, por lo tanto, tuve que empezar a minimizar las secuencias y llegar a lo que llamo el “cuadro absoluto”, esa escurridiza viñeta que resume toda una secuencia de acción; es como si varios minutos de proyección en una pantalla se redujeran a un sólo dibujo. Cuando logré dominar esta técnica (bueno, quizás todavía no la domino tanto) me di cuenta que me topaba con otro desafío: mis historias no estaban dirigidas sólo al público, mi primer objetivo no era relatarles los hechos a un lector, sino que el asunto era más complicado, porque para poder publicar necesitaba una “pareja”, un compañero que me ayudara en la aventura, mi propio Chewbacca, esa especie escurridiza y escasa: un dibujante de cómic. Sería él quien plasmaría mis ideas con tinta o bits.

Mi primera labor como guionista es contarle la historia a mi compinche, porque eso terminará siendo: el “partner” del cual dependerá si la aventura llega a buen puerto no. Entonces, se debe encantar al dibujante, ya que él es el primer filtro, el primer público al que le relataremos nuestra historia. Lograr una simbiosis con él es ideal, así es posible llevar a cabo el proyecto de mejor manera. Pero claro, no es tarea sencilla, porque uno no siempre sabe contar bien las historias, sea de manera oral o a la hora de plasmarlas en un guión técnico: cada uno tiene su propio ritmo, su propia manera de ver, sentir y relatar.

Yo doy gracias por trabajar directamente con los dibujantes, porque cada vez que lo hago la historia se enriquece. Ellos le ponen un filtro diferente, como si fueran el “Instagram” de mis guiones e hicieran que todo se viera mejor de como lo imaginaba. Para lograr este enriquecimiento he debido modificar mi forma de escribir, he evolucionado y cada vez soy más (y a la vez menos) detallista. Sé que mis historias deben tener bases sólidas, pero también sé que no puedo ser rígido: mientras más flexible sea el guion, mientras mejor se pueda adaptar a los cambios, la historia será mejor o, en mi caso, más entretenida. Esto tiene directa relación con la “modularidad”, es decir, la manera de tratar la historia en forma de módulos, por partes; pensarla de manera que pueda ser contada en diferentes formatos y longitudes. La misma historia debe ser adaptable para poder contarla en una o en cien páginas. Si logro eso es que voy por buen camino.

Pero después de todo eso, se debe encantar a otra persona: el editor. Que, como si fuera el suegro de la relación, a veces pide cosas que no queremos hacer o nos prohíbe algunas que morimos por experimentar, así que también debemos dejarlo contento a él. He trabajado con editores que me dan bastante libertad a la hora de crear, pero que velan por el producto final y la “modularidad” entra en acción. Por ejemplo, uno tiene una historia de 32 páginas, pero el editor dice que para publicarla debe tener tantas páginas más o tantas menos, por lo tanto, el guión DEBE ser flexible.

Durante años fui editor y pedí un montón de cosas que ahora me piden a mí que estoy 100% dedicado al guión y me siento un poco incómodo. Debo ir a lanzamientos, participar en eventos, dar charlas, firmar libros junto a otros colegas (con los que uno no tiene por qué llevarse bien) y así, un sinnúmero de actividades que están mucho mas allá de la escritura de un guión, pero que como autor debo asumir.

Como pueden ver, ser guionista es una gran aventura que está llena de obstáculos, pero también de satisfacciones.

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Galería: Entrevista al equipo editorial Libros de Nébula

Opinión: La teoría de la Narratividad

Narrativas

¿Qué es la narrativa gráfica? ¿Se pueden agrupar denominaciones como “cómic”, “historieta”, o “manga”, bajo ese concepto? El guionista chileno Felipe Benavides (autor de los cómics “Fumetsu” y “Clase B”, entre otros) y los socios fundadores de NGI (Agrupación de Narrativa Gráfica e Ilustración en Chile) tuvieron estas mismas interrogantes al momento de formar esa comunidad. En la siguiente columna de opinión, Felipe Benavides comparte su definición de “narrativa gráfica” y contextualiza el modo en que este concepto se posicionó tanto en el medio gráfico como en los medios de comunicación locales.

Trataré de contarles esta historia de la mejor manera posible y tal como la recuerdo, cosa que no es fácil ya a mi edad.

Cuando, en el año 2009 d.C., estábamos planeando la comunidad de creativos, que luego se llamaría NGI (2009-2012), nos topamos con el problema de la denominación. Había una gran cantidad de términos que hacía referencia a lo mismo, pero varios de ellos en forma, más o menos, despectiva:

  • Cómic: derivado de las tiras “cómicas” aparecidas en los periódicos. Este término cuenta con el problema que no todo lo que se hace en formato “cómic” es cómico y se presta para malos entendidos, sobre todo por parte del público y la prensa, quienes entienden que los “cómics” son para niños, ya que son “cómicos”.
  • Historieta: término muy arraigado, sobre todo en nuestros vecinos transandinos. El problema en particular, es que hace referencia a una “historia pequeña”, lo que disminuye la importancia o madurez con la que cuentan muchas historias en formato “historieta”.
  • Manga: o cómic japonés, que en realidad es solamente una palabra que en japonés se usa para denominar al cómic, historieta, tebeo, etc.

Con estos ejemplos creo que ya están entendiendo el problema: los términos ocupados para hablar del arte secuencial estaban viciados, sus significados eran poco claros y, como si esto fuera poco, los medios los mal entendían y prejuzgaban.

Varios interesados en el tema nos reunimos a deliberar qué podíamos hacer para romper este esquema, para que se dejara de mirar mal a esta manera de contar historias que tanto amamos.

De esas conversaciones surgió un término que cobró cada vez más fuerza, a nivel tal que terminó por ser usado en el nombre de la agrupación: NGI debe su nombre a que incluye Narrativa Gráfica e Ilustración, disciplinas muy cercanas, pero con grandes diferencias entre sí… pero ese es otro tema y da para mucho. Entonces, ¿qué es Narrativa Gráfica? Toda narración efectuada en forma secuencial usando viñetas.

Desde ese entonces logramos posicionar este nuevo concepto (nuevo para nosotros y el medio nacional) y la prensa, tanto escrita como audiovisual, lo recibió de buena manera y se generó un fenómeno que era perseguido desde hace mucho tiempo, pero que había resultado escurridizo: Nos tomaron en cuenta. Sin embargo, no sólo fue definir el término lo que ayudó, la notoriedad que tomó NGI como agrupacióny la gran cantidad (y calidad) del material producido en los últimos años, además de los vínculos que se crearon con periodistas como Daniel Olave, Carlos Andueza y Gustavo Arismendi, nos abrieron esta puerta que durante tantas décadas había estado cerrada.

Pero retomando el tema que nos convoca, ¿por qué narrativa gráfica?, ¿por qué usar este término nuevo y no potenciar alguno de los otros? Creo que la respuesta a eso es sencilla: por la novedad. Cuando algo es nuevo siempre llama la atención. Este término no había sido escuchado antes, o al menos no con tanta fuerza, por y en los medios en general. Aún más, les facilitaba el trabajo, ya que no se enredaban hablando de cómics, historietas, tebeos y demás. Por el contrario, podían usar este mismo término para hablar de todo, sin el miedo de estar “metiendo la pata” y llamando tebeo a una manga, por ejemplo. Además, el concepto traía (no sé de dónde) un aire de sofisticación, que encantó a todos aquellos que querían hablar del tema. Obviamente este término no es usado por todos los cultores de la técnica. A algunos les molesta o les parece “presuntuoso”. Otros quieren ser más tradicionales y seguir con las denominaciones de antaño. Lo importante es que se logró unir a todos los cultores de esta expresión narrativa, bajo un mismo denominador y ahora todos pueden autodenominarse, sin temor alguno, narradores gráficos.

¿Qué les pareció la columna de Felipe Benavides? Los invitamos a compartir sus propias opiniones en la sección de comentarios, a continuación.

Alfredo Rodríguez: “Lo que realmente me gusta es crear historias para contárselas a otros”

Texto: Carlos Andueza Fotografías: Camilo Mendoza

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Alfredo Rodríguez es un creador multifacético. Por lo mismo, es difícil categorizar su trabajo. Decir que es sólo guionista de cómics puede limitar demasiado su rango de creación, pues también dibuja viñetas, ilustra columnas de opinión, dicta talleres de guión y cómic… y un largo etcétera. Su título académico, eso sí, dice que él es “ingeniero civil”, pero hace mucho tiempo que no ejerce esa profesión. A lo mejor le acomoda más el título de “contador de historias”. Pero, ¿para qué etiquetarlo?

Su reconocido y popular “Siento y miento” obtuvo el premio al mejor webcómic 2011 en la Feria Internacional de Cómic de Santiago de ese año, y durante la versión 2013, Alfredo fue galardonado como Mejor Guionista 2012 por su obra “Lado B“, un libro objeto que desdibujó las fronteras de una típica novela gráfica.

Mesa Gráfica viajó hasta Rancagua, donde vive el creador de El Barbón, y compartimos una jornada de conversación y fotografías. Pudimos ser testigos de su rutina creativa y familiar, y conocimos a sus hijas, Sofía y Antonia, y a su esposa Claudia. Los invitamos ahora a revivir ese día, a recorrer la casa de Alfredo Rodríguez y descubrir el secreto de su éxito: su familia. Sigue leyendo

Opinión: ¿Cuál es la diferencia entre un ilustrador y un dibujante de cómics?

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Son oficios distintos, pero muchas veces se confunden. Para aclarar la diferencia, les presentamos esta columna escrita por el guionista chileno de cómics Felipe Benavides (autor de “Fumetsu” y “Clase B”, entre otros).

Acá voy a hablar de una definición personal y muy particular de ambos, pensando siempre en la narrativa gráfica. Porque como todos sabemos, existen tantos tipos de ilustrador y dibujante como peces hay en el mar.

Es muy común que se suela confundir a uno con otro, sobre todo por parte de los medio de comunicación. Vemos una y otra vez como los periodistas  dicen “el ilustrador de tal o cual cómic , siendo que el termino adecuado es “dibujante”. ¿Por qué? Fácil. Y acá es donde vienen las definiciones.

EL ILUSTRADOR es la persona que se dedica a “ilustrar”, es decir, representar un concepto en forma gráfica, transformándolo en una imagen. Esto quiere decir que el ilustrador toma un concepto o situación particular y a partir de ella crea una imagen, que puede o no contar una historia, pero que es una imagen unitaria y sin secuencia.  Claro ejemplo de esto son los libros de cuentos que cuentan con imágenes representativas del texto.

Dentro de la narrativa gráfica  los ilustradores tienen un rol que no es menor: son los encargados de las portadas. Esto es importante porque la portada es lo primero que se ve del producto y es lo que lleva al cliente a hojear o no el libro (revista, cómic, etcétera).

El trabajo del ilustrador no es fácil, ya que en una sola imagen se debe representar lo que ocurre en el interior de dicho libro, de manera atractiva, no sobrecargada y comprensible.

EL DIBUJANTE es el creativo que, a través de una secuencia de imágenes, narra una historia o serie de acontecimientos. Su trabajo tampoco es fácil, porque la serie de imágenes debe tener ritmo. El ritmo es el que le da el tiempo de lectura a cada una de las viñetas, sean con o sin texto. Al poner mayor cantidad de detalles en cada viñeta (o al hacerla más grande), el lector estará más tiempo en la misma, lo que ralentizará el ritmo de lectura. Por el contrario, una secuencia de pequeñas viñetas con pocos detalles hace que la lectura vaya más rápida.

Existen contadas excepciones de personas que pueden ser ambas cosas. Pero incluso si le preguntan a ellos, se darán cuenta que los procesos para ilustrar y dibujar son totalmente diferentes, tanto desde el punto de vista creativo como del practico. Es diferente el sentarse a pensar una imagen que debe ocupar por completo esa temida “página en blanco”, que hacer lo mismo, pero pensando en la secuencia de viñetas que se deberá rellenar.

Así que, de ahora en adelante, cuando vean a alguien que hace narrativa gráfica, recuerden que es un “dibujante” y no un “ilustrador”.

¿Qué les pareció la columna de Felipe Benavides? ¿Están de acuerdo con las definiciones que plantea? Los invitamos a compartir sus propias opiniones en la sección de comentarios, a continuación.