Sergio Lantadilla: “Lo bacán de la ilustración es que siempre se va reinventando y eso es muy motivante”

Texto: Carlos Andueza Fotografías: Camilo Mendoza Edición: Vabra Vilches Ganga

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Los más de doce años que Sergio Lantadilla (1980) ha trabajado como ilustrador profesional no son impedimento para que el chileno siga sintiendo miedo. Miedo a estancarse en un estilo. Es por eso que prueba, practica y aprende nuevas formas de llevar a cabo su profesión. Ahora, sin embargo, asegura que atraviesa por un periodo creativo delicado.

Sergio estudió Diseño Gráfico Publicitario y luego trabajó para la desaparecida empresa SALO, como editor gráfico e ilustrador para los juegos de cartas “Cazaurio”, “Human Kind” y “Mitos y leyendas”. Es coautor de la saga de libros de poemas ilustrados “Alicia. La niña vampiro” junto con el escritor José Luis Flores, y de los libros álbum “Don Mosco” (Pehuén Editores) e “¡Hipo! El sapo” (Ediciones SM), en colaboración con el guionista Patricio Mena. Actualmente, imparte clases de ilustración en el instituto profesional Duoc UC.

Mesa Gráfica conversó con Sergio, más conocido como Peerro, en su lugar de creación: una habitación en el segundo piso de su departamento. Rodeados de figuras de acción, de libros de ilustración y acompañados por  la película de animación japonesa “Nausicaä”, hablamos acerca del estilo, de sus alumnos, del grupo de Facebook “Ilustradores chilenos”, de sus libros y mucho más.

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Sergio, eres diseñador gráfico. ¿Ejerces?

Sergio: Ejercí menos de un año. En el tercer año de la carrera, trabajé en una agencia multimedia y después en Casa&Ideas por seis meses. Entré ahí y a las dos semanas me quería ir, porque no me gustó el ritmo demandante ni los horarios inflexibles de las empresas retail. Ahora valoro mucho más el tiempo libre: prefiero generar la cantidad de lucas precisas que me permitan mantener el departamento, ahorrar un poquitito, y bienvenido el ocio, que es cuando nacen los proyectos personales y uno se va despejando, porque trabajar tanto, agota mentalmente y cuesta mucho recuperarse. El agotamiento físico es distinto porque, aunque suene despectivo, un obrero que levanta escombros con una pala llega a la casa a dormir y al otro día puede estar más repuesto; pero cuando uno está agotado mentalmente, puede estar hastiado y bloqueado por meses. Eso me pasó a mí, a pesar de que amo la ilustración, llegó un momento en que me cansó.

Sin embargo, en Twitter tienes la costumbre de pedirle a tus seguidores que concursen por una ilustración tuya, la que ellos quieran. ¿Es esa una forma de mantenerte activo creativamente?

Sergio: Es que a veces me pasa que tengo muchas ganas de dibujar, pero no sé qué. Porque uno tiene siempre los mismos referentes, los mismos libros, las mismas películas, entonces es fácil quedarse pegado en un pequeño rango; pero al dibujar experiencias o gustos de otras personas ese rango se puede ampliar. Y bueno, también lo dejo como una forma de practicar y jugar con otros estilos.

Una buena práctica, tomando en cuenta que por trabajo debes realizar los encargos de tus clientes.

Sergio: Claro, son como desafíos, porque no sé qué cresta me van a pedir cuando hago estos concursos. Igual hay algunos temas vetados; hay personas que me dicen: “Uy, dibújame a mí con mi pololo”, “dibuja a mi gatito o a mi perrito”. Con eso, ¡chao! Aunque a veces tiran temas más choros. Pero dejé de hacer los concursos hace como dos meses porque me sobrecargué de pega y ahora quiero descansar. Ando harto en bicicleta, lo que me despeja bastante. La idea es abstraerse y ver las cosas un poquito más de lejos, y pedaleando solo, subiendo el cerro, uno piensa en otras cosas y eso es súper rico, ¿cachai? Y se baja la guatita también, que es el mal de varios ilustradores (risas).

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En una entrevista para el canal de Youtube del sitio Elvidyo.com, señalaste que tu estilo a la hora de ilustrar cambia mucho o que, prácticamente, no tienes uno, sino que te adaptas a distintos estilos.

Sergio: Tal vez tengo un estilo personal más parecido a lo que hice en (los libros) “Alicia. La niña vampiro” o al juego de cartas Cazaurio, que hice para Salo. Me muevo en diferentes estilos y trato de ser versátil porque me aburro de estar haciendo siempre lo mismo, ¿cachai? Estar un año dibujando los mismos monos, en el mismo estilo, me da miedo. Me da miedo estancarme. Como le pasa a (Mike) Mignola con “Hellboy”, que quizás le pegó el palo al gato, pero el huevón ha estado 20 años dibujando la misma huevada. Tal vez haya variaciones en la narración del cómic, pero a nivel gráfico creo que se estancó. Yo encuentro poco desafiante estar haciendo todo el rato lo mismo. A menos que llegue una multinacional y me pague mil millones de dólares por dibujar una cosa, ¡puta, lo hago! Pero a modo personal, como desafío, me gusta estar practicando, conociendo nuevos autores. Antes de entrar a Casa&Ideas todo mi trabajo era duotono, grises y harto rojo, como lo que hice en Salo y en “Alicia…” y me costó bastante cambiar a una línea gráfica más colorida, pero en 2009 me di una vuelta y me quedé pegado con un estilo más tierno o infantil. Empecé a dibujar más simple, como cabro chico. Lo que hacía en “Mitos y Leyendas” o “Human Kind” es nada que ver con lo que estoy haciendo ahora.

¿No sientes temor porque la gente no te reconozca? Porque, quizás, al tener un estilo más definido se es más reconocible. De hecho, creo que por eso los artistas se casan con un estilo.

Sergio: No sé, a mí no me gusta. Pero no es que esté trabajando, me coma una papa frita y ya, cambió mi estilo. Pasa porque veo una película o leo algún libro y eso me hace un pequeño clic y me voy adaptando. También depende del tipo de pedidos que me lleguen y de las editoriales o agencias de las que vengan. A lo mejor tengo que trabajar en un estilo específico que nunca había hecho y es posible que me quede gustando. Pero, de todas maneras, encuentro igual de válido mantener un estilo.

El tema del estilo genera bastante curiosidad y preocupación, sobre todo entre quienes recién comienzan a ilustrar. ¿Recibes muchas preguntas de parte de tus alumnos a propósito del estilo?

Sergio: En las clases me ha sido súper útil esto de ser versátil, porque la mayoría de los alumnos llega dibujando animé o manga y, como yo también dibujé en ese estilo cuando era chico, manejo harto de esa cultura y los puedo ayudar. Además, también puedo aconsejar a alumnos que se manejan en distintos estilos. Tal vez para profesores que se manejan en una sola línea es más complicado, porque también tiene que ver con la tolerancia: hay profesores que odian el animé. Yo, en cambio, les recomiendo a mis alumnos que no se queden pegados en ese estilo porque nunca he visto campañas publicitarias con estilo japonés, por ejemplo. Bueno, excepto los monos que hizo Fito Manga para Kapo. Y el otro estilo que, creo, está súper fuerte ahora es el de “Adventure Time” y hay hartos clones: es como el “animé Adventure Time”, que es estilo muy fácil de imitar.

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¿Es ese miedo al estancamiento el que te ha llevado a trabajar en distintas plataformas, como los juegos de carta, la animación, los libros?

Sergio: Claro. En 2010 trabajé como director de arte en una productora donde desarrollamos una serie de animación con el tema del bicentenario, que se transmitió por el canal Mega; yo dibujé y otros animaron. Ahí probé otra área de la ilustración. Lo que me estaría faltando es enfocarme en los videojuegos, o sea, dibujar para videojuegos. La mayoría de mis amigos con los que trabajé en Salo están trabajando ahora en buenas empresas de videojuegos, como Atacama o Behavior. Los “huérfanos” de Salo entraron en la industria de los videojuegos. Bueno, yo creo que ahí todos teníamos los mismos referentes: el animé y los videojuegos.

¿Y tú eres el único que no incursionó en ese campo?

Sergio: Sí, soy como el bicho raro. Aunque mi estilo gráfico es nada que ver. El de ellos, quizás, es más cercano al de Frazetta (pintor, historietista e ilustrador estadounidense) o al de Brom (ilustrador estadounidense). Tienen esa cosa pictórico-heroica y yo me fui por un lado más infantil, una gráfica un poquito más editorial, ¿cachai? Aunque tampoco me muevo tanto en ese ambiente, pero también tengo amigos ahí, como las chicas Rodríguez (Lucía y Verónica), la Sol (Díaz) o Alfredo Cáceres.

¿Cómo has desarrollado tu veta de docente hasta el momento?

Sergio: Llevo como año y medio haciendo clases de ilustración en el Duoc UC. Antes hice clases en la Universidad de las Américas y unos talleres en un colegio de Peñalolén. Y, bueno, acá en mi departamento he hecho clases junto a (la pintora e ilustradora chilena) Cristina Arancibia, que es una de mis mejores amigas. Impartimos talleres de libro álbum y de acuarela, y yo, en solitario, unos cuantos de ilustración digital que, por lo que sé, no se hacen muchos: todos se enfocan más en la parte análoga, porque es más barato; para este tipo de taller los cabros tienen que traer su computador o su tableta, entonces es un poco más restrictivo, pero hay personas autodidactas que lo piden harto. También he hecho clases particulares, como el verano pasado.

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Pero, ¿sientes la necesidad de entregar a otros lo que ya sabes, lo que ya te enseñaron a ti?

Sergio: Sí, pero es recíproco. Uno entrega, pero también recibe. Está la oportunidad de aconsejar, para que no vuelvan a cagar a los más jóvenes, como se lo hicieron a uno. Y también el “código ilustrístico”, el diálogo que se genera es bacán, tanto con alumnos del Duoc como con personas que he conocido acá en los talleres. Ocurre mucho, por ejemplo, que las personas más talentosas son las más humildes y las más abiertas a recibir críticas. Los que están en una parada más artística son los más cerrados, pero hay muchos que escuchan y que esperan que uno termine de hablar para responder. Y eso es bueno, pero la mayoría no es así. Yo creo que el 80% de los que están estudiando ilustración ahora, de lo que he visto, no van a ejercer por ser muy llevados a sus ideas.

¿Crees que, además del ego de algunos, el hecho de que la ilustración esté de moda sea un factor que perjudique la disciplina?

Sergio: Yo creo que sí. Algunas personas se están aventurando en la ilustración imitando estilos simples y, lamentablemente, reconocibles. Otros adoptan la parada de ilustrador, se compran materiales, pero quedan ahí, no muestran trabajos. Yo, además, tengo un drama con la gente que es muy engrupida con la ilustración. Amo la ilustración, vivo por la ilustración, pero no estoy todo el día rallando la papa con eso. Creo que sí hay que creerse el cuento, pero no hay que engrupirse.

Te preguntaba por la docencia porque te veo muy conectado con los jóvenes y, por lo mismo, me imagino, creaste el grupo “Ilustradores chilenos” en Facebook. ¿Cómo surgió? ¿Fue idea tuya?

Sergio: Sí. El año pasado estuve haciendo talleres de ilustración gratuitos todos los sábados aquí en mi casa. La gente se inscribía durante la semana y el sábado llegaban cinco, seis o hasta ocho personas. Hacíamos distintas actividades y yo les iba enseñando cosas, en técnicas análogas o digitales. Una de las alumnas, que ahora ya es mi amiga, me propuso que nos juntáramos a hacer las clases al aire libre, en un parque quizás, para que fuera más entretenido. Pero las condiciones atmosféricas nunca se dieron y yo siempre he encontrado engrupidos a los tipos que hacen yoga en el parque, entonces… Transformé ese taller en una junta e invité a mis contactos que eran ilustradores. Armé un evento en Facebook, para masificar la invitación, y llegaron más de cincuenta personas a la primera reunión. Eso fue en enero de este año. Después me pidieron que organizara otra, así que entré a Facebook y cree el grupo “Ilustradores chilenos”, pero lo hice sólo para mantener comunicado al grupo de la junta. Más adelante empecé a proponer los desafíos o temas semanales de dibujo. Y partió perfecto: doscientas personas funcionaban súper bien, pero ahora que ya superamos las 3700 personas se perdió un poco el control.

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¿Por qué? ¿Qué pasó?

Sergio: Los integrantes empezaron a subir cualquier cosa, sin mucho tino. Algunos dibujan en hojas de cuaderno cuadriculadas, después suben una foto de eso y lo justifican diciendo que lo hicieron porque estaban aburridos. Eso me empezó a desmotivar y a otras personas también les molestaba. Por otro lado, había gente que quería huevear y echar la talla y yo siempre les decía que si querían hacer eso podían crear otro grupo. Después, con una amiga que me ayudó a administrar el espacio, pusimos reglas y varios empezaron a reclamar y a decir que el arte debe ser abierto. Ahí es donde se pierden, porque la ilustración no es arte. Puede ser que estén relacionados, pero hay que separar esos conceptos. Hay personas que no lo hacen y son los más engrupidos. Y por el poco cariño de algunas personas y por tanto hueveo, me salí de la administración. Más adelante me fui a mochilear por dos semanas y cuando volví me di cuenta que había quedado la cagada en el grupo. Un chico peruano había subido un dibujo y muchos lo empezaron a molestar. De hecho, llegaron a escribir más de 400 comentarios sólo para molestarlo. Así que echamos del grupo a ciertas personas, formaron otro y ahora están felices ahí jugando con tierra y cosas así. Puede ser que más adelante retome la administración del grupo, pero no sé todavía. Además, también coincidió con mi sequía creativa, porque estaba un poco hastiado del dibujo. Es raro porque vivo para la ilustración pero estaba cansado de ella. Y preferí darme un break. Ahora estoy más tranquilo, más relajado.

Pero,  ¿las juntas de ilustradores van a seguir?

Sergio: Sí, las juntas van a seguir.

¿Han funcionado bien? ¿Llegan los inscritos?

Sergio: Como te decía, a la primera llegaron como cincuenta o sesenta personas. Después, el grupo  se han reducido a veinte o algo así. Y siempre llegan los mismos, entonces son como reuniones de amigos. Entremedio también aparecen personas nuevas y eso ha sido bacán, porque podemos conocer a las nuevas generaciones. Además, creo que es muy gratificante para todos conocer a otros que dibujan, porque muchas veces uno se siente solo haciendo esto, sobre todo en el colegio o en la U. También nos seguimos juntando con los chicos de los talleres que hice durante el verano, no en modo taller sino a sólo dibujar o jugar PlayStation. Es muy ñoño, pero es bacán.

Cuéntanos un poco de la sociedad creativa que has formado con el guionista Patricio Mena, con quien has hecho los libros álbum “Don Mosco” e “¡Hipo! El sapo”. Sus biografías en el primer libro aseguran que se conocieron en Buin, hace tiempo.

Sergio: Sí, hace mucho… no sé, tercero básico. Con el Pato éramos compañeros de curso, nos sentábamos juntos. Después, él se cambió de colegio, pero dentro en Buin. Un año después se cambió de casa muy cerca de la mía, entonces jugábamos todo el día con otros cabros.

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¿Y desde chico él escribía?

Sergio: Dibujaba más que escribía. Bueno, también hacía sus historias: hacía un cómic que se llamaba “Mortal Fighter”, que era una mezcla entre “Street Fighter” y “Mortal Kombat” y los personajes éramos todos los del grupito de amigos. Así empezó a aventurarse en lo de escribir, pero también dibujaba harto. En ese tiempo, yo quedaba muy a la sombra de él, porque de verdad dibuja la raja. Con el tiempo yo me empecé a enfocar más en el dibujo y él se fue más por el lado de la escritura.

¿Cómo ha sido el trabajo en conjunto, el desarrollo de ambos libros álbum?

Sergio: Ehmm… si me pongo a pensar cómo nació “Don Mosco”, no me acuerdo. Creo que el Pato tenía la idea o alguna parte de la historia y me pidió ayuda con las ilustraciones. Empezamos a buscar referentes para el estilo del libro y así, entre boceto y boceto, nació el estilo de “Don Mosco”. Tampoco recuerdo el día específico del lanzamiento, pero debe haber sido en julio de 2011; e “¡Hipo! El sapo” lo empezamos a armar en agosto de ese año. Salió súper rápido, porque es cortito, como es de una línea infantil no tiene tanto texto. En un principio se lo presentamos a (la editorial) Pehuén (la misma de “Don Mosco”), pero no pasó nada; les gustó la historia, pero había muchas cosas que retocar y quedó en stand-by. Después lo vio la gente de SM y les gustó, así que lo publicamos con ellos. Y bueno, a nivel gráfico, yo quedé súper conforme.

Debe ser genial hacer un libro con un amigo de toda la vida.

Sergio: ¡Sí! Y se da súper fácil, porque con el Pato manejamos los mismos códigos, ¿cachai?

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Y en relación a esa búsqueda por practicar y explorar otras áreas, ¿estás interesado en incursionar en el cómic?

Sergio: No, no me gusta el cómic. De hecho, los únicos cómics que he hecho fueron uno para Salo y otro para “Diablo Crónicas” cuando se cumplieron diez años del lanzamiento de la revista de Javier Ferreras y Mauricio Herrera. Ese fue mi segundo cómic, pero lo hice porque me dijeron: “Te vamos a pagar”… pero nunca lo hicieron; rescato la experiencia eso sí. Pero no, no haría cómic; es mucha pega y en Chile no se paga bien. Como yo vivo de la ilustración no me puedo dar esos lujitos de estar trabajando para sólo recibir buena onda o feedback, porque es necesario pagar las cuentas. Algunas personas lo malinterpretan y creen que uno sólo piensa en la lucas, pero cuando se trabaja en esto, las cosas se ven de manera diferente. Yo trato de equilibrar mi pega y mis trabajos personales. En lo que yo me aventuraría a trabajar gratis es en proyectos como “Don Mosco”, “¡Hipo! El sapo” o lo que había hecho antes con José Luis Flores (“Alicia. La niña vampiro”), que son proyectos un poco más personales, pero donde tengo mayor control sobre lo que estoy haciendo y disfruto más el proceso. En Chile nadie puede decir: “Yo vivo de hacer cómics”, excepto (los dibujantes) Alan Robinson o Gabriel Rodríguez, pero ellos trabajan para el extranjero. Tal vez pueda pecar de ignorante, pero no conozco a nadie que viva del cómic acá en Chile.

En la última página del libro “Don Mosco” se incluye una breve biografía tuya. La última línea dice: “Vive para la ilustración y espera seguir aprendiendo hasta el final”. ¿Qué crees que te falta por aprender?

Sergio: Lo que me ha hecho bien y mal a la vez es haberme dedicado cien por ciento a la ilustración digital. A nivel de pega, es mucho más rápido y más fácil de corregir. Pero dejé de lado completamente la ilustración análoga y todo lo que es ensuciarme las manos, lo que hacía antes. Ahora la estoy retomando y es muy entretenida. De hecho, la estoy considerando como remedio para la sequía dibujística por la que estoy pasando. Hace poco empecé a trabajar con acuarelas y a experimentar con acrílicos y, de verdad, se disfruta mucho más. La ilustración digital es más práctica, pero no la disfruto tanto. Quizás Photoshop sí, cuando juego con las brochas. No la desprecio, porque sé que es una técnica más, pero como estuve diez años pegado con ella, ahora me entretengo más con la ilustración análoga. Llevo como doce años como ilustrador profesional y creo que es bueno ir conociendo otras técnicas y practicarlas. Pienso lo mismo con respecto al estilo. Soy de la idea de que uno nunca termina de aprender y creo que, si llego a ser viejo, voy a seguir aprendiendo. No hay que ser cerrado de mente y hay que conocer a las nuevas generaciones, sus propuestas y aprender de ellas. Porque, a diferencia de los números y los textos que ya son como son y no pueden cambiar, lo bacán de la ilustración es que siempre se va reinventando, uno nunca sabe lo que viene después. Puede ser que las herramientas sean las mismas, pero siempre van apareciendo estilos y propuestas nuevas y eso es muy motivante.

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5 pensamientos en “Sergio Lantadilla: “Lo bacán de la ilustración es que siempre se va reinventando y eso es muy motivante”

  1. Muy de acuerdo con Peerro! Cuando se es diseñador y se trabaja en el contexto de las empresas no queda tiempo para nada más, uno queda molido, y ya no hay ni ganas ni tiempo para ilustrar :c
    Y que risa lo que dice lo de la “guatita” de los ilustradores xdddd doy fé de esas dos cosas que dice y eso que estoy empezando no más :p

    Y tal vez el estilo de Peerro no sea uno particular, simplemente es ser versátil 😉 me gusta mucho como trabaja!

  2. que mal que catalogues a la otra pagina de ilustradores como “jugadores con tierra” también hay dibujos muy buenos hay ….. ese solo comentario creo que mato toda la entreviste ami punto de vista ..

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