Lucía Rodríguez: “Creo que lo importante es que como ilustradores entendamos que nuestro desarrollo artístico es constante”

Texto: Carlos Andueza Fotografías: Camilo Mendoza Edición: Vabra Vilches Ganga

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Conversamos con la ilustradora Lucía Rodríguez en el comedor de Taller Holanda, la casa que su familia acondicionó como su lugar de creación y docencia. Mientras en las habitaciones contiguas, sus hermanos Verónica y Andrés, también ilustradores, trabajaban en lo suyo, Lucía recordaba con nosotros su formación artística en la Pontificia Universidad Católica de Chile, su casual llegada a la ilustración y a sus alumnos del taller “Quiero ilustrar“, que desde 2012 imparte junto a Verónica.

Con sus ilustraciones, Lucía ha colaborado para distintas entidades como FOSIS, Salcobrand, Carozzi, editorial Santillana, entre otras. Formó parte del libro “Play ilustraciones, 40 canciones para ver” (Ediciones B, 2011), junto con las ilustradoras Elizabeth Hunt, Francisca Meneses y Coty Baeza, y de la exposición de ilustración “Por las ramas” (2012). Es autora del webcómic “Un poco de mí” y actualmente sus ilustraciones se exhiben en el Centro Cultural Palacio La Moneda, en la exposición “Ilustración a la chilena”, que reúne obras de 60 artistas nacionales.

En la siguiente entrevista, Lucía fija su mirada —crítica y reflexiva— en la ilustración actual: admite que hoy es moda, pero lo reconoce como algo normal, y asegura que todos tienen la capacidad de ilustrar: “Si quieren, pueden”.

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¿Empecemos?

Lucía: Bueno.

Ya, bacán.

Lucía: Estoy nerviosa.

¿En serio?

Lucía: Sí.

¿Por qué?

Lucía: No sé…

(Con un tono de voz serio) Lucía Rodríguez…

Lucía: (Risas) Esto es como las entrevistas a los políticos de los domingo en la noche.

Sólo que menos intimidante…

Lucía: Claro.

Lucía, tú estudiaste Artes en la Universidad Católica…

Lucía: Arte.

Ah, Arte, no Artes.

Lucía: Sí, Arte. En la Católica al menos es Licenciatura en Arte. Creo que en la Universidad de Chile se llama Artes o Artes Visuales. En la Católica es Arte, más genérico, porque no necesariamente tienen que ser artes visuales, ¿cachai?

Y si es Arte en general, ¿qué disciplinas estudiaste? No sólo pintura, me imagino.

Lucía: No. Se supone que la carrera está orientada a que sea una formación general, pero eso es imposible porque, inevitablemente, para hacer tus trabajos tienes que especializarte un poco en algo. Hay ramos de todo: pintura, escultura, serigrafía, grabado, etcétera.

Tú elegiste pintura.

Lucía: Sí. Igual fue raro porque cuando entré a estudiar Arte, yo estaba segura que lo único que no iba a hacer era pintura, porque yo pintaba antes, en el colegio, y tenía el trauma de que las pinturas nunca me quedaban como yo quería. Entonces estaba como enojada y pensé que me iba a ir por el dibujo. Y, de hecho, cuando tomé el ramo de pintura, no lo tomé con el profe más exigente para que no fuera tan pesado. Ahí le caché la maña, me empezó a gustar, quise probar otro ramo y después hice pintura todo el rato.

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¿Y por qué antes las pinturas no te quedaban como querías? ¿Qué descubriste en la carrera que te hizo cambiar de opinión al respecto?

Lucía: Lo que pasa es que en el colegio no enseñan sobre el color. En general, enseñan a dibujar solamente, pero en la carrera aprendí por qué las pinturas no me quedaban como yo quería y tenía que ver con el color. Me enseñaron cómo debía mezclar los colores y también la lógica que hay detrás de su uso. Entonces entendí. Y aplicando esa teoría, todo funcionó mejor y pude desarrollarme más en eso.

Tiempo después formaste parte del colectivo de ilustración Pinkit, junto a tu hermana Verónica y las ilustradoras Camila León, Katerina Nicolau y María José Puyol…

Lucía: Sí. Salí de la universidad en enero de 2009 y Pinkit se formó ese año. Cuando salí de la U me dije: “Ya, y ahora… ¿qué hago?”. Supuestamente, me iba a ir a estudiar a Estados Unidos, a una academia chiquitita de un pintor seco y postulé…

¿Qué pintor?

Lucía: Jeffrey Hein, un pintor que vive en Salt Lake City, la ciudad de los mormones, en Utah. El gallo tiene una técnica realista y un sistema de educación súper antiguo, es muy seco y muy buena onda; me contacté con él por mail y me dijo que obvio, que me iba a recibir. Postulé a un Fondart que no me gané, pero mi papá me ofreció que me fuera igual, que él pagaba. Pero me empecé a demorar y entremedio a la Vero se le ocurrió lo de Pinkit. Irónicamente, cuando uno estudia Arte, dibuja poco, y yo de chica dibujaba mucho, así que quería retomarlo. La Vero venía saliendo del taller de (los ilustradores) Olea y Montt y me dijo que hiciéramos un blog para volver a dibujar y a experimentar con técnicas digitales.

¿Y por qué decidiste incursionar en la ilustración después de terminar tu carrera?, ¿qué te entregaba esa disciplina que no te daba la pintura?

Lucía: Es que la verdad yo nunca dije: “Ahora quiero entrar en la ilustración”, ¿cachai? Sino que yo quería dibujar y hacer otro tipo de cosas de las que había hecho en la universidad. Cuando uno estudia Arte tiene que hacer obras que planteen ideas. Esas ideas tienen que relacionarse y formular preguntas. La diferencia con la ilustración es que ésta generalmente entrega respuestas y sus mensajes son más específicos, más legibles. En mi carrera, lo peor que me podían decir era que mi trabajo era una ilustración. Entonces yo tenía ese rechazo… o sea, no sé si rechazo, pero me daba susto que me dijeran eso, entonces me empecé a meter más en el asunto, retomé el dibujo con Pinkit y comenzaron a decirnos ilustradoras. Una vez me llamaron para una pega y me dijeron ilustradora, yo dije: “¿Soy ilustradora?” (risas). Así que el paso fue muy casual.

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Cuando conversamos con la ilustradora Dominique Schwarzhaupt, que también estudió Arte en la Católica, nos comentó una situación similar. ¿Es cierta entonces esa visión elitista de la carrera?

Lucía: ¡Sí! Como que la pintura es arte más intelectual. Y para mí fue todo un tema esa cuestión, porque cuando salí de la pintura y entré en la ilustración me dije: “Ah, pero ahora tengo que elegir”. Yo realmente sentía eso, que tenía que escoger entre una pintura seria y una ilustración más lúdica. ¡Y fue una lucha interna súper sufrida! Pero me acuerdo que después fui a una charla de Oliver Jeffers (ilustrador y pintor irlandés), cuando vino a la Universidad Diego Portales (2010), en que mostró obviamente su trabajo de ilustración, pero también sus pinturas. Pinturas que no tenían nada que ver con sus ilustraciones. Y pensé: “¡Qué bacán! ¡Él hace las dos cosas!” y no tenía ningún prejuicio en decirlo. Después me di cuenta que muchos ilustradores extranjeros son pintores también o tienen una formación artística. Y entonces me dije: “¿Por qué tengo que elegir? ¡Qué estupidez! En verdad puedo hacer todo lo que yo quiera”.

¿Y ese fue un prejuicio que te enseñaron en la universidad?

Lucía: Sí.

¿Venía de los profesores o de los mismos estudiantes?

Lucía: De los profesores sobre todo. Y obviamente los alumnos lo empiezan a absorber. Mis compañeros de repente me decían: “Es que tu trabajo parece un poco una ilustración”. Entonces, ilustrador o artesano era lo peor que te podían decir… y eso es una imbecilidad, en verdad. De hecho, por mucho tiempo tuve el conflicto de cómo armar mi página web. Me preguntaba: “¿Cómo pongo mis pinturas y mis ilustraciones?, ¿las pongo mezcladas, las separo?, ¿hago dos páginas distintas?”. Era todo un tema para mí. Y cambiaba mi página, la cambiaba, la cambiaba, y la cambiaba. Después dije filo; ahora están ambas, pintura e ilustración, y las ordeno según el objetivo que les doy, porque puedo hacer una ilustración con pintura, ¿cachai? En el fondo, la pintura es una técnica, lo que cambia es el discurso. Pero cuando uno es chico y se está formando, es menos crítico frente a esas cosas. Al menos yo iba con una actitud de “¿qué me van a enseñar?” o “aquí me van a enseñar la verdad”. Pero cuando se mira hacia afuera uno se da cuenta que la cosa es nada que ver. Entonces me dije: “Yo tengo que ser una precursora de eso acá”.

(En ese momento entró la hermana de Lucía y nos dejó un plato con un queque sobre la mesa. Después de agradecerle el gesto 🙂 continuamos la conversación con Lucía).

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Cuando te entrevistaron en el programa “Sin oficio”, dijiste que una de las cosas que más te costaba hacer era tratar con los clientes. Desde esa entrevista ha pasado un año ya. ¿Te sigue costando?

Lucía: Sí, mucho. De hecho creo que es consecuencia de mi formación. Cuando leí la entrevista que ustedes le hicieron a Marcela Trujillo, me hizo mucho sentido cuando ella decía que no era ilustradora, sino artista. Y cuando uno tiene formación de artista, lo que busca es dar su propio discurso. Se puede hacer lo que uno quiera, con tal que se cumplan los objetivos, que la obra se vea bien o que se manejen las herramientas adecuadas. Entonces, como ilustradora, me cuesta lidiar con un trabajo que es para otro y con cuestiones prácticas, como cobrar o ir a las reuniones. Aunque a eso ya me he acostumbrado. Es difícil tener que transar cosas porque al cliente no le gustaron, pero está en todo su derecho, porque es parte del trabajo. Si no logro cosas como artista, lo tengo que resolver yo misma; pero como ilustradora no. Los clientes me preguntan: “¿Por qué hiciste el pasto rosado? No, que sea verde mejor”. ¡No entienden nada! (risas).

Pero el cambio de switch lo tienes que hacer tú, no los clientes…

Lucía: Sí, obvio. No es un problema de los clientes, sino que la pega es así. Hay que aprender a lidiar con eso. Todo depende de cómo uno se relaciona con lo que está haciendo: si desde el principio se entiende que la ilustración es un trabajo y que hay que lograr lo que el cliente necesita, todo se hace más fácil y se sufre menos. Antes sufría más.

Y en cuanto a temáticas… Hasta el momento, en tus pinturas te has enfocado en la naturaleza, en lo externo; en tus ilustraciones te enfocas en los personajes y en tus mini cómics te centras más en ti, en tus propias historias. ¿Cambias tus temáticas de manera consciente según cada disciplina?

Lucía: O sea, considerando sólo mis ilustraciones personales y no las que hago como pega; mis cómics, que no son muchos, y mis pinturas, yo creo que al final siempre hablo de mí misma. Uno siempre habla de uno mismo, pero de distintas maneras y en distintos niveles; quizás en el cómic es más evidente, porque soy yo la representada. Creo que, en el fondo, siempre son los mismos intereses, pero abordados de distintas maneras. Lo que pasa es que… ¡no sé! Es difícil para mí decirte: “Bueno, mi tema en la ilustración es la mujer”, por ejemplo, ¡porque no lo sé! Porque cada vez es distinto. Se me van ocurriendo cosas específicas. Para mí es difícil sentarme y definir: “Voy a hablar de esto”. No. Uno hace las cosas y éstas terminan hablando de algo. Entonces, yo te diría que lo que hay en común en las tres disciplinas es que trato de resolver una inquietud que se me presenta en cada trabajo. Yo creo que, si mirara las tres disciplinas con distancia y detención, encontraría más lugares comunes, pero en general el proceso es más orgánico.

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No es tan consciente el proceso entonces…

Lucía: No, no es tan consciente. Soy una inconsciente (risas).

Teniendo en cuenta que actualmente se está dando mayor espacio y valorización a la disciplina, ¿crees que es rentable vivir de la ilustración?

Lucía: Yo creo que se puede vivir de la ilustración, pero es difícil. Toma tiempo y probablemente uno se tenga que privar de algunas cosas, pero si es lo que realmente te gusta, vas a ser feliz haciéndolo. Y también se puede buscar la forma de complementarlo con otras cosas. Yo en este momento vivo principalmente de la ilustración. Además hago clases, pero no son el grueso de mis ingresos como hace un año atrás. Ahora vivo más de los encargos de ilustración, pero igual cuesta. Hay que ser organizado, hay que mostrar el trabajo, conocer a la gente del medio… Pero sí, se puede. Yo creo que se puede vivir de cualquier cosa, pero es difícil. Hay que esforzarse harto. Por ejemplo, algunos alumnos me dicen: “Cuando trabajemos y nuestro jefe nos diga tal cosa…” siendo que la probabilidad de que tengan un jefe es muy baja. La mayoría de los ilustradores trabaja de manera independiente y complementa su trabajo con otras actividades. Es importante tener eso en cuenta.

¿En qué área de la ilustración se gana más?

Lucía: Los presupuestos más altos siempre se dan en la publicidad, pero son otras las condiciones de trabajo en general. En publicidad todo es para ayer, en general hay poco espacio para proponer ideas, hay harta corrección, mucho desorden y pueden pagar en tres meses o más.

¿Y en qué área se hace más cómodo el trabajo?

Lucía: Lo más cómodo, encuentro yo, es trabajar con un cliente chico. Ese que quiere una cosa particular y que te paga al tiro con transferencia, ¿cachai? Pero bajo la perspectiva de los mercados más grandes, creo que es más cómodo trabajar en ilustración editorial, porque, aunque hay menos plata, en general hay un poco más de planificación y orden.

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Lucía, también te dedicas a la docencia: haces clases en universidades y aquí también, en Taller Holanda. Desde agosto de 2012, dictas el taller “Quiero ilustrar” con tu hermana Verónica. ¿Cómo ha sido la experiencia de compartir las clases con alguien tan cercano?

Lucía: (Levantando la voz para que Verónica, que estaba en otra habitación, escuchara) ¡Es bacán hacer clases con la Vero! (risas). En verdad, es una buena experiencia porque, por un lado, es menos carga: hacer clases es una actividad híper desgastante. Se te va la energía porque tienes que estar ahí al cien por ciento todo el rato, entonces al hacer clases con la Vero nos vamos “pinponeando”. La ilustración es una disciplina ambigua, entonces enseñar desde distintos puntos de vista es súper útil. De repente, en el trabajo de un alumno yo veo una cosa y la Vero ve otra. Eso le da a entender a los alumnos que en las disciplinas artísticas no hay sólo una opinión.

Buen punto. ¿Y qué has aprendido tú haciendo clases de ilustración?

Lucía: ¡Ay, demasiadas cosas! En primer lugar he aprendido a preparar una clase, que no es fácil. Hay que pensar que los alumnos son todos distintos, que necesitan diferentes cosas o que funcionan con dinámicas distintas. También he aprendido a relacionarme un poco más con la gente. Yo soy un poco torpe socialmente hablando; la Vero le hace más a esa parte (risas). Así que he aprendido harto. ¡Te podría nombrar muchas cosas más! Y aunque no tengo una carrera tan larga en ilustración, ha sido bonito darme cuenta que yo también tengo cosas que enseñar, cosas de mi experiencia que puedo compartir.

Una opinión que llamó la atención entre nuestros lectores de Mesa Gráfica fue la del cartelista Diego Becas. En la entrevista escrita que nos concedió, aseguró que ningún ilustrador chileno actual tiene un estilo propio, salvo Alberto Montt, Francisco Javier Olea y Paloma Valdivia. El resto sólo quiere ilustrar como ellos. ¿Qué opinas de sus comentarios, Lucía?

Lucía: Yo creo que pasa, harto. No creo que todos los ilustradores actuales sean así, pero creo que pasa harto, y creo también que es inevitable, que es normal. Porque, en el fondo, son las pocas referencias nacionales que hay y no me parece que sea malo si es sólo un punto de partida. Yo creo que lo importante es que como ilustradores entendamos que nuestro desarrollo artístico es constante y que el error sería quedarse con una fórmula para ilustrar. Pero es inevitable, porque las referencias son muy pocas y han marcado mucho: todo el mundo conoce a Montt, todo el mundo conoce a Olea y todo el mundo conoce a Paloma Valdivia, lo que tiene su valor también, porque los conocen personas que no pertenecen al mundo de la ilustración y eso es un gran logro de ellos. Yo creo que no hay que ser tan crítico, sino ver todo como parte de un proceso. Además, hay muchas personas que agarran esa mano, ese estilo, y a lo mejor después no van a seguir en la ilustración. Yo creo que los que logren desarrollar su propia mano y propuesta, independiente del estilo, son los que van a trascender.

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Hay una sobreoferta de ilustración y mucho interés por parte de las personas por aprender la disciplina. La ilustración está de moda, podríamos decir.

Lucía: Sí, claro, pero pasa con muchas carreras.

¿Puede eso afectar al oficio?

Lucía: Al oficio no, porque siempre van a haber personas que lo desarrollen de forma seria, por decirlo así. Además, el oficio no muere porque se ponga de moda, es más profundo que eso, más fuerte que eso; no es tan grave.

¿Tú crees que todos pueden ilustrar?

Lucía: Eeeh… sí. Yo creo que sí. Creo que hay personas a las que se les hace más fácil que a otras. Puede que algunos tengan mayor sensibilidad y otros tengan mejor técnica. Y es como cualquier cosa en la vida: si a uno le interesa hacer algo, lo puede hacer. Que se te haga más fácil o más difícil es otra cosa.

Todos pueden ilustrar entonces, pero… ¿todos pueden ser ilustradores?

Lucía: Es que es algo desarrollable. Bueno, pasa que muchos de nuestros alumnos vienen de distintas áreas: matemáticos, biólogos, ingenieros. Y obvio que ellos pueden ilustrar; no sé si después podrán desarrollar una carrera de ilustración o si les interesa  dedicarse a ella, pero de que pueden ilustrar, pueden. Creo yo… ¡Ay! ¿Por qué me haces decir cosas tan…? (risas) Es que encuentro que es terrible dar un juicio así. ¡¿Qué se yo?!

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Bueno, te pregunto por la experiencia que tienes con los alumnos de tu taller. Has visto de todo, me imagino: personas que siguen ilustrando y otras que no.

Lucía: Claro. Hay algunas personas muy talentosas que después abandonan el tema y uno se queda con las ganas de ver más monos de ellas. Pero, a ver, la Vero y yo no vendemos el taller para que los alumnos se conviertan en ilustradores. A Alfredo (su hermano guionista) le preguntaron una vez: “¿Cómo es tu taller ‘Quiero ser escritor’?” y él respondió que el taller se llamaba “Quiero escribir” y que hay una gran diferencia. En nuestro taller con la Vero pasa lo mismo: cualquiera puede venir a pasarlo bien y a aprender cosas. Así que yo creo que, en general, a la gente le ha servido. Lo pasan bien y es una experiencia linda que suman a sus vidas. Tomar talleres siempre es súper entretenido, a mí me encanta tomar talleres. Aunque sean de algo que después no sigas haciendo, aportan a tu vida, y nosotras no buscamos mucho más que eso. Siempre les decimos a los alumnos, en la primera clase, que ojalá vengan y lo pasen bien, que no estén presionados todas las semanas porque tienen que hacer la tarea. No. Que vengan a pasarlo bien es la idea.

Ese es el mensaje entonces…

Lucía: Sí.

Muchas gracias, Lucía.

Lucía: No, gracias a ustedes, en verdad.

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14 pensamientos en “Lucía Rodríguez: “Creo que lo importante es que como ilustradores entendamos que nuestro desarrollo artístico es constante”

  1. El primer taller de ilustración que tomé fue “De la idea a la imagen” con la Lucía. Aparte de pasarlo increíble, fue un agrado que me enseñara alguien que se toma su pega en serio y la hace con amor y profesionalismo. Full dedicada y generosa con su conocimiento. Una seca.
    Me encantó la entrevista. ¡Felicidades! 🙂

  2. Buena!

    me gusto esa frase:
    “Además, hay muchas personas que agarran esa mano, ese estilo, y a lo mejor después no van a seguir en la ilustración”
    y que todos pueden ilustrar si se lo proponen! pero ser ilustrador es un tema de oficio.

    No estoy de acuerdo con los dichos de Diego Becas, aunque si le concedo el hecho que hay un monton de gente con esos referentes.

  3. Bueno, Diego siempre ha sido asi frontal en sus dichos no me sorprende, pero yo estoy de acuerdo con el si lo llevamos a esta ilustracion de moda actual (aunque no conozco a Paloma Valdivia mucho y lo que hace Montt lo encuentro mas orientado a la idea que a la grafica).

    Sobre esta entrevista, me gusto mucho el encabezado, esa idea del desarrollo constante me llega mucho.

  4. Lucía, no tenía el agrado de conocer tu trabajo, y el leer tus opiniones y experiencia verdaderamente es una lucecita de esperanza en medio del túnel.Siendo ilustradora titulada, ahora estudio Arte en Arcis, y también cargo con el estigma de la ilustración como algo reprobable… y na pos, leer esta entrevista de verdad es un oasis, y en lo personal, me da ánimo para seguir haciendo lo que quiero, sin prejuicios ni encasillamientos. Excelentes trabajos además.

  5. Mis ex profes de taller! jajaj buena entrevista, concuerdo con sus ideas. No se si sea tan bueno tener una línea gráfica tan marcada es decir es bueno por un lado para que te reconozcan pero personalmente, que te encasilles como que sólo puedes hacer cosas de un sólo estilo, un poco fome. Y para los que quieran tomar el taller, totalmente recomendable, lo pase super bien, aprendí algunas cosas y escuchar distintas perpectivas de personas de carreras totalmente distintas a la tuya, sobre un mismo tema, es enriquecedor.

  6. ¡Muchas gracias a todos por sus comentarios! Se agradece un montón que participen en el blog y que, de alguna manera, continúen la conversación que comenzamos con el entrevistado en los comentarios.

    Muchas gracias (de nuevo) a Lucía, por su generoso recibimiento y por su honestidad al contestar nuestras preguntas. Fue un agrado compartir contigo.

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