Alfredo Rodríguez: “Lo que realmente me gusta es crear historias para contárselas a otros”

Texto: Carlos Andueza Fotografías: Camilo Mendoza

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Alfredo Rodríguez es un creador multifacético. Por lo mismo, es difícil categorizar su trabajo. Decir que es sólo guionista de cómics puede limitar demasiado su rango de creación, pues también dibuja viñetas, ilustra columnas de opinión, dicta talleres de guión y cómic… y un largo etcétera. Su título académico, eso sí, dice que él es “ingeniero civil”, pero hace mucho tiempo que no ejerce esa profesión. A lo mejor le acomoda más el título de “contador de historias”. Pero, ¿para qué etiquetarlo?

Su reconocido y popular “Siento y miento” obtuvo el premio al mejor webcómic 2011 en la Feria Internacional de Cómic de Santiago de ese año, y durante la versión 2013, Alfredo fue galardonado como Mejor Guionista 2012 por su obra “Lado B“, un libro objeto que desdibujó las fronteras de una típica novela gráfica.

Mesa Gráfica viajó hasta Rancagua, donde vive el creador de El Barbón, y compartimos una jornada de conversación y fotografías. Pudimos ser testigos de su rutina creativa y familiar, y conocimos a sus hijas, Sofía y Antonia, y a su esposa Claudia. Los invitamos ahora a revivir ese día, a recorrer la casa de Alfredo Rodríguez y descubrir el secreto de su éxito: su familia.

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Alfredo Rodríguez, eres un hombre del Renacimiento. Escribes guiones, cuentos, columnas de opinión, novelas gráficas; haces ilustraciones y dibujas webcómics; coloreas historietas para el extranjero y dictas distintos talleres, entre otros proyectos. ¿Cómo administras todas tus facetas? Cuéntanos el secreto, por favor.

Alfredo: (Risas) Yo siempre he sido muy disperso, y crecí creyendo que era un gran defecto. ¡Estaba convencidísimo! Me costaba sentarme a estudiar, por ejemplo, porque era ultrainquieto y hace muy poco tiempo me di cuenta que eso era mi ventaja; tiene que ver con mi forma de ser porque, para mí, pensar en hacer una sola cosa de lunes a viernes y ocho horas al día es terrible. Pero terrible porque me cuesta, no porque me parezca terrible que una persona lo haga. Yo no puedo, me aburro rápido. Por lo general dedico las mañanas a una cosa y las tardes a otra, pero cuando estoy escribiendo, quiero ponerme a dibujar y cuando estoy dibujando, quiero escribir; necesito estar trabajando en proyectos de las dos cosas al mismo tiempo. Los momentos en que he estado más lateado han sido cuando he tenido que trabajar mucho tiempo en pegas de un sólo tipo. Ahora, por ejemplo, como estoy escribiendo harto, paso mis recreos dibujando. Me gusta estar haciendo cosas distintas todo el rato.

¿Y tu trabajo como colorista? ¿Sigues coloreando cómics para el extranjero?

Alfredo: No, eso decidí dejarlo a fines del año pasado, oficialmente. Tal vez lo retome, porque siempre tomé esa pega como una forma de subsistir, de conseguir lucas. Hice unas tres o cuatro colaboraciones con la editorial (estadounidense) IDW y las últimas pegas se las derivé al Kote (Carvajal). Al final del año pasado, hablé con la Clau y dijimos: “Tratemos de que el 2013 lo dedique lo más posible a escribir”. Eso lo dijimos como en septiembre y dos semanas después me llamaron para trabajar en El Definido y fue como: “¡Oooh, sí!” (risas). Fue heavy, cósmico.

Espera, ¿siempre conversas tus metas personales con la Clau… así, en plural?

Alfredo: Sí. Y bueno, ese caso en particular era un riesgo comercial. Como somos una familia y hay que subsistir, sobrevivir y pagar cuentas, cada vez que vamos a hacer algo que no nos va a dar plata directamente, lo conversamos harto. Cuando la Clau quiso empezar el magíster, fue una decisión que tomamos entre los dos. Lo mismo cuando dejé de colorear.

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¿Qué te motivó a colorear cómics, en primer lugar?

Alfredo: La razón por la que entré al color fue que, en ese entonces, estaba trabajando como ingeniero y quería hacer algo lo más ligado al cómic posible. Eso era lo que me motivaba. Después, cuando empecé a escribir, a contar historias finalmente, que es lo que más me gusta, dejé de vibrar con el color. Es chistoso, porque eso es parte de toda la historia que he vivido para darme cuenta que lo que me gusta es el guión. Cuando era chico creía que quería ser dibujante de cómics, pero no sabía que existían los guionistas.

Pensabas que el que dibujaba era el mismo que escribía las historias…

Alfredo: Claro y yo quería dibujar mis historias. Y ahora, conociendo historias de personas que dibujan cómics, he sabido que ellos cuando chicos querían dibujar pero no sabían qué. A mí me pasaba lo contrario: tenía mis historias completas, pero cuando las empezaba a dibujar se empezaba a poner difícil la cosa y terminaba con mis historias escritas no más. Al final, dibujaba las que eran más cortitas. Y así, con el tiempo, me di cuenta que vibro más escribiendo historias que dibujándolas. A diferencia de lo que le pasa a mis hermanos. Aunque, bueno… no me puedo imaginar a mí mismo sólo escribiendo y nunca dibujando, porque al final el dibujo le da un poco de vida a la historia.

¿Se podría decir, entonces, que no eres un escritor en el sentido literario, sino un contador de historias, en el amplio significado del término?

Alfredo: Suena súper engrupido, pero lo que me gusta realmente es crear historias para contárselas a otros. A veces, para hacerlo de la mejor forma, creo que la tengo que dibujar yo mismo, a veces, creo que la tiene que dibujar otra persona. Y a veces creo que la tengo que colorear yo, y otras veces, no.

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¿Y qué tan difícil es para ti delegar esos cargos? Porque la historia está en tu cabeza…

Alfredo: Es que es súper fácil cuando no soy capaz (risas). Pero es verdad. Ponte tú, yo siempre supe que “Lado B” no lo podía dibujar. Esa historia es un universo, que requería cierta complejidad, y yo sabía que mis recursos no daban abasto. Para dar la noción de un universo, una cabeza no es suficiente. Sirve mucho más que varias personas aporten sus visiones, y en ese sentido, jamás se me pasó por la cabeza dibujar esa historia yo solo. Es muy bacán que otro te pueda entregar sus ideas, que éstas se vayan agregando a la principal y que sea un trabajo colectivo, debido al tono que tiene la historia. Ahora, si pensamos en “Siento y miento”, que son historias de mi casa, pedirle a otra persona que dibuje a mi señora, ¡no tiene ningún sentido! Además de ser muy incómodo, creo yo… (risas). Lo que busco con “Siento y miento” es reproducir vivencias que sólo hemos vivido mi señora, mis hijas y yo. Transmitir esas vivencias a otro dibujante es imposible. No creo que otro lo pueda plasmar mejor, aunque esté mejor dibujado. En ese caso se me hizo muy natural dibujar esas historias.

Perfecto. Ahora, ¿me podrías ayudar a resumir todo lo que estás haciendo? Estás escribiendo e ilustrando tus columnas en el diario El Definido…

Alfredo: Sí. Estoy haciendo clases, impartiendo los talleres “Quiero escribir” y “Mini cómic”. Sigo haciendo viñetas de “Siento y miento”. Estoy haciendo una mini novela gráfica sobre mi hija Antonia. Estoy escribiendo cuentos en mi blog “Cuento corto” y estoy trabajando en la segunda parte de “Lado B”.

¡Wow!… (Pausa)… Entonces estás cumpliendo tu meta 2013 de dedicarte casi por completo a escribir.

Alfredo: ¡Sí, absolutamente!

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¿Y cómo ha sido escribir para El Definido?

Alfredo: Me costó mucho decidirme a tomar esa pega. ¿Por qué? Porque yo sentía que era exponerme harto. Exponerme como persona, al opinar sobre un montón de temas. Las columnas que escribo son mis opiniones, finalmente, aunque estén firmadas por El Barbón. Porque desde el principio yo quise poner que El Barbón soy yo: no me interesa ocultar mi nombre. Y al final, que las columnas estén firmadas por El Barbón es para obligarme a no ser tan serio al escribir. Sacar textos más cotidianos y no tan doctos, como me salen generalmente. Para eso, meterme en la cabeza de El Barbón me ayuda mucho. El Barbón es mucho más visceral y simple que yo… creo. En ese sentido me ayuda el personaje, porque dentro de la ficción me siento mucho más cómodo que en la opinión directa. Por eso me costó tomar esa pega. Pero, por otro lado, estar en un lugar escribiendo con la libertad que me dan en El Definido, eligiendo el tema y la extensión que yo quiera, ha sido súper entretenido. Pasé por el típico periodo de adaptación al principio, tratando de entender lo que ellos buscaban y encontrando la voz de El Barbón. Porque yo lo tenía dibujado, pero no “pensando”. Tuve que encontrar una manera en que no se pusiera ni tan filosófico ni tan superficial. Tenía que hacer a un Barbón serio sin que se convirtiera en un ratón de biblioteca, y, al mismo tiempo, simpático sin que fuera demasiado liviano. Y encontré que lo que más me ayuda es mantenerme cotidiano. El Barbón no habla de política ni del conflicto entre las Corea, sino que de cosas que le pasan a él como papá o en el supermercado. Entonces, la experiencia ha sido un desafío, por un lado, como manejo de personaje y, por otro, por la angustia semanal de tener que pensar en un tema interesante que se transforme en columna. Porque, además, hago dos: una columna de cultura y espectáculos y otra de sociedad. Para la de cultura y espectáculos es más fácil encontrar un pie forzado, porque puedo ir al ballet y escribir sobre eso. En el fondo es exponerme a una experiencia y contar lo que me pasó. En cambio, me cuesta más llegar al tema de la columna de sociedad y una vez que llego, me pregunto: “¿Qué voy a decir de esto?”. Y pasa que, entre el momento en que llego al tema y el momento en que construyo la columna, se da un proceso muy desgastante. Ese proceso ha sido el verdadero desafío.

Otra de tus pasiones es hacer clases y ahora estás dictando dos talleres distintos: “Quiero escribir” y “Mini cómic”. ¿Ambos siguen la misma línea? ¿Son, en el fondo, talleres en los que enseñas a contar historias?

Alfredo: Tienen algo en común, sí. Pero, a ver… hacer clases es una cuestión que me encanta. Lo descubrí en la universidad, cuando hice clases particulares de matemáticas. Después me titulé y seguí haciendo ayudantías, siempre ligadas a las matemáticas, pero cuando me atreví a hacer el taller “Quiero escribir”, para mí fue mezclar dos pasiones muy grandes. Pensaba: “Voy a poder hacer clases… ¡y de lo que me gusta hacer! ¡Esto es demasiado bacán!” (risas). Por eso las gozo tanto. Pero esperé lo que más pude hasta sentir que tenía… ¿cuál es la palabra?… el peso mínimo, necesario como autor, para poder hacer un taller de guión. Porque un título de ingeniero te da el permiso para hacer clases de matemáticas, pero para enseñar guión tuve que esperar un buen rato…

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Lo tenías en mente desde mucho antes, entonces…

Alfredo: ¡Era uno de mis sueños! Y cuando tuve un par de libros publicados dije: “Ya, filo, lo voy a hacer no más” (risas). Y… ¿qué más preguntaste? Ah, sí, si es que los dos talleres tenían algo en común. A ver, te voy a decir un poco lo que busco con cada uno: mi intención con el taller “Quiero escribir” es darle una metodología a los alumnos e intentar que saquen historias que estén inspiradas, al menos en parte, en quiénes son ellos. Las personas que son muy fanáticas de ciertas historias olvidan eso con facilidad y tienden a imitar esos gustos. Entonces, la idea es que los alumnos armen historias propias, con una metodología que les ayude a ordenar todas sus ideas, sentimientos y sensaciones, para que resulte algo bien armado; y las cosas que busco con el taller de “Mini cómic” son: por un lado, ayudar a los alumnos a escribir una historia de una página que tenga que ver con ellos mismos y, por otro, ayudarlos a reflexionar sobre qué van a elegir dibujar en cada viñeta.

Ambos cursos los realizas en Taller Holanda, un espacio que tus hermanas, Lucía y Verónica, también ocupan para hacer clases, pero de ilustración. ¿Qué es Taller Holanda, finalmente, y cómo surgió?

Alfredo: Taller Holanda es… ¿cómo explicarlo? Mis papás siempre han buscado formas de ayudarnos, a nosotros, sus hijos, con nuestros proyectos. No son papás que simplemente miran de lejos lo que estamos haciendo, sino que constantemente están preguntando en qué nos pueden ayudar. Partiendo por cosas tan simples y maravillosas como los cócteles de los lanzamientos de mis libros. Porque sí, son maravillosos (risas). Pero creo que es un muy buen ejemplo, porque no es que ellos traten de ser los protagonistas al hacer esas cosas, sino que intentan mejorar el evento y la experiencia de todos los asistentes. Entonces, en un momento, mis papás detectaron que tres de mis hermanos, Lucía, Verónica y Andrés, estaban trabajando desde sus casas. Lo cual suena muy bonito, pero a nadie le gusta mucho, porque vuelve muy difícil el trabajo. Por otro lado, había una necesidad de contar con un lugar para realizar actividades, como una potencial exposición de los hermanos, por ejemplo. Y luego, empezamos a hacer talleres, y al principio los teníamos que hacer en la casa de Lucía… (suena la alarma del celular de Alfredo). Voy a tener que ir a buscar a mis hijas. Entonces, mis papás nos dijeron que si encontraban un lugar físico, una casa que pudieran acondicionar, tal vez podrían solucionar esos problemas. Y a principios del 2012 se pusieron a buscar. Encontraron una y se transformó en Taller Holanda… ¿Vamos a buscar a las niñitas? Yo les dije que hoy vendrían unos amigos, así que los van a estar esperando. Después te cuento más.

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(Pero no lo hizo. En vez de eso, Alfredo nos habló de sus hijas desde el momento en que salimos de su casa. A dos cuadras de allí se encuentra el jardín infantil al que asisten Antonia (2) y Sofía (3). Y aunque las pequeñas habían sido avisadas de que dos amigos las vendrían a visitar, al vernos nos recibieron con una esperada timidez. Pero pronto entraron en confianza y, después de aprender nuestros nombres, a cada tanto nos recordaban que nos llamábamos Camilo y “Cadlos”. Obviamente, nos rendimos ante su ternura y olvidamos retomar la conversación con su padre. Después de almuerzo pizza, obvio llegó su mamá, la esposa de Alfredo, Claudia Torrealba o “la Clau”, como le dice él. Luego de acostar a la niñitas para que tomaran su siesta, la Clau se puso a revisar la columna que Alfredo estaba escribiendo en ese momento para El Definido. Aprovechamos la oportunidad y conversamos con Claudia, una médico general que, de alguna manera, ha entrado en el mundo de la narrativa gráfica local).

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Claudia, estás muy involucrada en los proyectos de Alfredo. Vas a todos los lanzamientos de sus libros y lo acompañas a distintos eventos. ¿Ahora, además, eres su editora?

Claudia: Es que Alfredo escribe demasiado rápido, entonces a veces se come palabras y otras, escribe frases que él entiende pero que el resto de los humanos no (risas). Como que tartamudea escribiendo (risas). Además, al escribir le cuesta…

Alfredo: ¿Qué vas a decir? No me dejes sin trabajo.

Claudia: No, pues. Lo que pasa es que para El Definido acordaron que escribiría como El Barbón, entonces hay veces en que escribe muy a lo Barbón, pero otras escribe muy serio. Entonces yo lo ayudo a “barbonizar” esos textos. Pero son sugerencias no más, él después analiza si le gustan o no. Lo que sí le corrijo es cuando se come los “que”, los “por”, las comas, y esas cosas. En ese sentido, soy bien maniática. Pero es mutuo, él también me ayuda. El otro día, para una pega, me pidieron que redactara mi descripción de cargo. Y yo pensé: “¿Qué es eso?”. Le pregunté a Alfredo y él me ayudó. Hoy lo revisaron y me dijeron que estaba excelente.

Alfredo: ¿Les dijiste que ibas a felicitar a tu marido?

Claudia: No, pero les dije: “Yo sé que está perfecto… porque lo hizo mi marido” (risas).

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También acompañaste a Alfredo durante la ConCómics 2011, un evento que se realizó en Valparaíso y que duró cuatro días seguidos…

Claudia: Sí, esa fue la primera vez que estuvimos separados de las niñitas. No las vimos en esos cuatro días. Fue toda una movida familiar. Me acuerdo que mi mamá estaba de cumpleaños ese fin de semana y tuvimos que decirle que nosotros no íbamos a poder ir. Ella se llevó a las niñitas que además tenían bronquitis obstructiva. Le dejé una lista enorme de instrucciones y aún así me llamaba mi hermana, que también es médico, preguntándome qué hacer. Pero fuimos al evento, aperramos no más. Así que claro, esas han sido las cosas que ha provocado El Barbón. Al final todos estamos más involucrados. Hasta las niñitas, que se reconocen en los dibujos, nos reconocen a nosotros y hasta piden ponerse los pinches que Alfredo les dibuja a sus personajes.

Alfredo: Ayer pasó eso. La Sofi me dijo: “Papá, quiero ponerme este pinche”, indicando una polera que tengo de “Siento y miento”. Pero ese pinche no existe, está dibujado no más (risas).

Y después de la popularidad de “Siento y miento”, ¿qué cambios han experimentado como familia? ¿Cómo les cambió la vida El Barbón?

Claudia: (Pausa)… Yo creo que la única diferencia que hizo el Barbón fue que yo me involucré más con el “mundillo comiqueril” (risas). Siempre lo vi desde afuera, pero desde que el proyecto empezó a agarrar vuelo, con los libros sobre todo, entré un poco más a ese mundo. Yo iba a los lanzamientos a apoyar a mi marido no más, pero había personas, como Camilo aquí presente, que me pedían que les firmara los libros y… bueno, lo hacía también (risas).

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Debe ser extraño que las personas se acerquen a ti y te reconozcan por un personaje. ¿Cómo ha sido eso?

Claudia: Me da demasiada vergüenza que la gente se aproxime a mí en los lanzamientos. ¡Demasiada vergüenza! Y bueno, a la gente le cuesta entender que “Siento y miento” no es nuestra vida real. Entonces, eso es raro también. Muchos amigos nos decían: “No hemos sabido de ustedes, pero nos hemos mantenido al tanto por los cómics”. Ellos sentían que estaban en contacto absoluto, que sabían todo lo que nos estaba pasando. Cosas como que, a veces, la casa estaba desordenada eran una realidad. Que yo estaba esperando a la Antonia, también. Pero había muchas cosas en “Siento y miento” que no eran parte de nuestra cotidianeidad. Entonces, es raro que la gente se acerque pensando que yo soy un tipo de persona, cuando en verdad no soy tan así.

Alfredo: Pero es porque a la Clau no entra mucho a Internet y no está en las redes sociales, entonces nunca participó de los comentarios de “Siento y miento”. Ese vínculo que se generó entre la obra y los lectores ella no lo comprende.

Claudia: Claro. Por mi trabajo no tengo tiempo de entrar a Internet. Entonces, si Alfredo no me hubiese mostrado las viñetas de “Siento y miento” antes de que las subiera al sitio, yo no las hubiera visto.

Alfredo: Por eso la Clau se pregunta por qué algunas personas sienten que la conocen.

Claudia: Sí, para mí es raro todo eso. Pero los lanzamientos son entretenidos y lo paso realmente bien. No los esquivo, porque, además, se produce algo muy rico y es que todos los que van son muy buena onda. Son ambientes de mucha buena onda y eso se contagia. Al final, salgo feliz.

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Bonus track:

Mini entrevista a Sofía Rodríguez.

Sofía, ¿te puedo entrevistar?

Sofía: Sí.

¿Sabes lo que es una entrevista?

Sofía: No. ¿Qué?

Yo te hago preguntas y tú me las contestas. ¿Bueno?

Sofía: Ya.

Ya. Sofía, ¿cuál es tu color favorito?

Sofía: El rosado… y el amarillo.

¡Qué bonitos colores! Y Sofía, ¿te gusta jugar con tu hermana Antonia?

Sofía: Sí.

¿Qué es lo que más te gusta de ella?

Sofía: Su polera de Minnie.

¿Y te gusta ir al jard–

Sofía: ¡Quiero columpiarme! ¿Me das vuelo?

Bueno. Gracias, Sofía.

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35 pensamientos en “Alfredo Rodríguez: “Lo que realmente me gusta es crear historias para contárselas a otros”

  1. Notableee!!! Que exquisita entrevista, de verdad fue un placer leerla, por el simple hecho de que se entrecruzaba la cosa técnica y la vida familiar, dejando super claro cómo es Alfredo, navegando entre esos dos mundos.
    Y las fotos geniales!

    • ¡Hola Soledad! Muchas gracias por tu comentario, que rico que te hayan gustado las fotos, espero trasmitan esa calidez que experimentamos allá. Y Carlos se las mandó con la multientrevista, porque como señalas, Alfredo es el navegante del cemento Rancagüino, paseándose entre su familia y su creativa cabeza dispersa. ¡Muchos saludos!

  2. Me encantó la entrevista. La disfruté mucho.
    Gracias mesa gráfica, se nota el profesionalismo en el trabajo que ambos realizan.

  3. Me encantó la entrevista y las fotos la complementan muy bien, felicitaciones a ambos!
    Además tengo la suerte de conocer a la familia de Alfredo, la que me encanta y también de ser participe de los cursos de guión. Grandes Alfredo y Clau y niñitas :D!

  4. Qué grande, Barbón! y preciosa familia la que has construido. No hay mayor éxito que ese.
    Todos los Rodríguez tienen mi absoluta admiración. Un abrazo para los 4 🙂

  5. Felicitaciones a Alfredo. Su trabajo definitivamente es una obra de arte que se refleja en su familia, que es otra obra de arte. Es un orgullo leer esta entrevista realizada a un chileno que llegara lejos.

  6. Genial el Bonus Track! Me encantó la entrevista!
    ¡Qué ganas que Alfredo motive a jovenes talentos chilenos a escribir! ¿Puedes venir a Curicó a dar una motivación vocacional al colegio Orchard College?

  7. Pingback: Ximena Rodríguez y Cristian Docolomansky: “Hay que estudiar el dibujo antes de entintarlo, porque entintar a la rápida es calcar” |

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