Verónica Rodríguez y Hernán Kirsten: “Para ser ilustrador hay que ser apasionado y decidido”

Texto: Carlos Andueza Fotografías: Camilo Mendoza

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Se enamoraron de la ilustración al mismo tiempo que el uno del otro. Y Britney Spears pudo haber ayudado de alguna manera. La diseñadora gráfica Verónica Rodríguez (1982) y el arquitecto Hernán Kirsten (1982) se conocieron en el taller de ilustración de Francisco Javier Olea y Alberto Montt en 2008. Como alumnos, ambos se habían interesado en los trabajos del otro, y un día, después de clases, se juntaron a conversar. Entre otras cosas, Hernán le contó a Verónica que se había ganado un viaje a Estados Unidos como premio en un concurso. Ella pensó en uno de arquitectura, pero en realidad se trataba de un concurso de parodias televisivas, en el que Hernán había participado con una versión stop motion del video “Stronger” de Britney Spears. Verónica vio el video y quedó sorprendida con el talento (y la obsesión) de Hernán. “Terminamos el taller en noviembre, y en marzo ya estábamos pololeando”, cuenta Verónica. “A los dos años nos fuimos a vivir juntos, y a los tres, nos casamos”.

Verónica Rodríguez ahora es ilustradora independiente, autora de las viñetas de “Me pasa a veces” y “Mateo sin risas”, y profesora del curso “Quiero ilustrar” en Taller Holanda. Hernán Kirsten es arquitecto de día e ilustrador de noche, dividiendo su tiempo entre la oficina Raimundo Lira Arquitectos y la revista Qué Pasa. Ambos han participado en diversas exposiciones de ilustración -como “Por las ramas” y “60 ilustradores contemporáneos chilenos”- y recientemente fueron incluidos en el catálogo “Ilustración a la chilena/ Illustration, the chilean way”, editado por Plop! Galería y Ocho Libros.

En la siguiente entrevista, Verónica y Hernán conversan con Mesa Gráfica sobre sus experiencias desarrollando esta disciplina, de los vicios del oficio, y del actual auge que vive la ilustración en Chile. Además nos confiesa que, a veces, ilustran cantando.

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Verónica, tú estudiaste diseño y ahora eres ilustradora, así como Hernán estudió arquitectura y también derivó en la ilustración. ¿Cómo fue ese paso?

Hernán Kirsten: Yo creo que es una historia común de los ilustradores que a todos de chicos les gustaba dibujar. En mi caso fue lo mismo. Era de los que tenía buenas notas en arte y mis compañeros me pedían dibujitos. Pero entrando a la universidad y metiéndome en el esquema de una carrera, dejé de lado el dibujo por entretención. Y en arquitectura, el dibujo empieza a tener un rol utilitario, más funcional. Lo cual también me sirvió para aprender rigor en el dibujo, e interpretar cosas para traspasarlas al papel. Pero se pierde el juego, el pasarlo bien haciendo un dibujo. Terminando la carrera, entré al taller de ilustración de Olea y Montt y ahí fue donde me cambió el switch. Me di cuenta que la ilustración era lo mío, que podía ser un trabajo serio, una carrera, y no un simple monito en la esquina de un cuaderno.

¿Y en tu caso, Verónica?

Verónica Rodríguez: Mi caso es muy parecido. Siempre me gustó dibujar y siempre estuve muy relacionada con los cómics y la animación pero, al igual que Hernán, lo que marcó la diferencia  fue haber tomado el taller con Olea y con Montt. Antes hablaba de “el dibujo” y no de “la ilustración”. Ahí supe que había gente que vivía de eso, que tenían una formación y una carrera haciendo ilustraciones. También fue clave darme cuenta que la ilustración no se trata de dibujar súper bien y realista, sino que hay muchas personas que ilustran a través del uso del color, o que se apoyan en distintas técnicas, con trabajos más experimentales. Eso me abrió la mente.

Hernán, tú trabajas a diario en una oficina de arquitectos. ¿Cómo ha sido compatibilizar tu trabajo profesional con la ilustración?

Hernán: Parece que fuera muy difícil hacerlo, pero como lo paso tan bien ilustrando, a veces no me doy cuenta de lo tarde que es. De hecho, cuando me toca ilustrar de noche, me tengo que ir a acostar obligado para no estar muerto de sueño en la pega al día siguiente. En ese sentido, no me genera ningún trauma ni complicación porque siento que lo estoy pasando bien y mientras lo haga, voy a estar contento. Si puedo hacerlo, tengo que aprovechar. Siento que se me han dado oportunidades muy buenas.

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¿Y cómo lo haces para ordenarte con los horarios de la revista Qué Pasa?

Hernán: Mis horarios en la revista Qué Pasa son muy variables. Yo no voy a trabajar al edificio donde está la revista, sino que trabajo desde mi casa. Me comunico vía mail con los diseñadores y, por lo mismo, me manejo con los tiempos de ellos: si quieren que ilustre un reportaje que van a hacer con mucha antelación, me contactan con tiempo. Pero también me ha pasado que me llaman para hacer un trabajo la noche anterior a que se publique. En ese sentido también depende de mí si puedo hacerlos o no, tampoco es una obligación. Pero en general sí he podido.

¿El pago es por ilustración?

Hernán: Sí, me pagan por ilustración. Y hasta ahora todo ha funcionado bien. A veces, cuando me han pedido correcciones de último minuto, he tenido que escaparme de la oficina a mi auto, en la hora de almuerzo. Envío la ilustración con el notebook y vuelvo a la oficina. Ha sucedido un par de veces. Más de un par de veces, yo creo. ¡Y por suerte ha coincidido con los horarios de almuerzo!

Verónica: Lo que yo veo en Hernán, es que tiene mucho talento, tanto gráficamente como para resolver los encargos. Y eso le ha permitido tomar la pega de la Qué Pasa. Porque a veces le dan temas complejos y logra resolverlos… ¡y rápido!

¿Te explican la idea del artículo o te envían el texto?

Hernán: Depende. A veces me pasan el texto, parte del texto o un resumen. Interpretar eso y pasarlo a una imagen es lo complicado. Pero en general los trabajos me han funcionado bien. Les envío bocetos, que tampoco me critican mucho. Una vez, eso sí, trabajé con un tema de MBAs y fue complicado porque se hablaba de la selección de éstos y de la oferta en el mercado, y yo representé eso en un supermercado y todos los personajes estaban ahí. Fue complicado porque ellos vieron el supermercado como el ícono de la sociedad de consumo y no quería mezclar ese tema con el lucro…

Verónica: ¡Educación con lucro! ¡Nooo!

Hernán: Todos mis bocetos estaban malos, según el editor. Aunque también le encontré razón, porque se prestaba para una interpretación incorrecta. Lo replanteamos y lo tradujimos a libros, o sea, una biblioteca en vez de un supermercado, y funcionó mucho mejor. El trabajo es así. De repente uno tiene una idea y funciona bien al tiro y otras veces no.

Verónica: (Dirigiéndose a Hernán) Sí, pero en general te sale a la primera. Y no es porque venga de cerca la recomendación (risas), sino porque yo creo que no todo el mundo tiene la capacidad de hacer ilustración editorial. Yo creo que Hernán tiene la habilidad de tomar un tema árido y complejo, y llevarlo a una imagen que se vea atractiva, simpática, que invite a leer y que, al mismo tiempo, represente muy bien el concepto de un texto.

Hernán: Bueno, tampoco es mérito mío cien por ciento. Muchas veces los editores ya tienen una imagen preconcebida de la ilustración y me dan una descripción detallada de lo que quieren. Algunas veces tomo la descripción literal de lo que me dicen y la hago. Pero otras me han dado más libertad y creo que lo he hecho bien. Así que es muy variable.

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A Verónica le pasa a veces que le gusta esconderse. http://www.mepasaaveces.com/2011/10/escondite.html

Los de ustedes son casos muy distintos, porque el trabajo de arquitecto de Hernán no se relaciona con la ilustración, pero tú trabajo de diseño, Verónica, sí que se puede retroalimentar de ésta.

Verónica: Claro. Bueno, en mi caso, después de hacer el taller de Olea y Montt quedé muy entusiasmada con el tema y en ese momento quise jugármela por dedicarme a la ilustración. Pero en ese tiempo se estaba dando la crisis del 2009. No había pega en ninguna parte y no había mucha plata para proyectos. Además, yo tampoco sabía mucho de la disciplina ni tenía redes. Intenté ilustrar por un par de meses, pero no me funcionó.

En ese tiempo nació el colectivo Pinkit, ¿cierto?

Verónica: Sí. De hecho, Pinkit nació porque yo salí embalada de ese taller el 2008 y necesitaba una excusa para seguir ilustrando. A mi hermana Lucía le dije: “Lucía, hagamos algo. Un blog, o lo que sea, pero ilustremos”. Y le tincó. Invitamos a la Cami (Camila León), a la Katy (Katerina Nicolau) y a la Jose (María José Puyol) y formamos el colectivo. Pinkit me sirvió para practicar y ponerme en contacto con otros ilustradores. También en ese tiempo se me dio la oportunidad de ilustrar un libro de Francisca Solar para la colección Barco de Vapor (“La asombrosa historia del espejo roto”), y para mí, que no tenía experiencia, hacerlo fue bacán. Estaba mega feliz. Pero el ingreso monetario no me daba para mantenerme. Después de medio año, empecé a buscar pega como diseñadora y tuve la suerte de encontrar una en Fundación La Fuente, para el proyecto Biblioteca Viva.

¿Trabajaste en el sitio web de Fundación La Fuente?

Verónica: Claro. Tenía que trabajar haciendo la gráfica de las campañas mensuales de Biblioteca Viva, y aplicarla a marcadores de páginas, afiches, flyers, y en la web. Ahí también ilustraba, porque no había plata para pagarle a un fotógrafo, entonces decían “ya, que la Vero ilustre algo”. Era un trabajo en el que se respetaba el horario, entonces a las 7 de la tarde me iba a mi casa y podía seguir haciendo otras pegas de ilustración. Estuve ahí casi por 3 años y fue un periodo súper rico, en el que aprendí mucho de la industria del libro y del mundo laboral. Al mismo tiempo, me daban la libertad para hacer otros proyectos. Ilustré un libro para la editorial Amanuta, por ejemplo. Estando en la Fundación La Fuente empecé con mi proyecto “Me pasa a veces”.

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¿Cómo empezó tu webcómic “Me pasa a veces”?

Verónica: Nació de la necesidad de tener un proyecto propio. A veces, cuando hacía trabajos paralelos, no dormía mucho y lo pasaba mal. Para el libro de Amanuta no tenía fines de semana, pero fue una buena prueba para mis ganas de ilustrar. Y a partir de lo que fui logrando con “Me pasa a veces”, que la gente lo conociera y lo comentara, me di cuenta que era el momento de lanzarme. Trabajé en la fundación hasta abril de 2012 y desde entonces estoy dedicada solamente a la ilustración.

Entonces, ustedes no zanjan los proyectos personales…

Hernán: Los proyectos personales son la oportunidad para probar cosas nuevas, de experimentar. Y son los más interesantes para presentar también, porque te puedes tomar todo el tiempo que quieras para hacerlos, y todas las libertades artísticas que desees, lo que no pasa cuando se trabaja para un cliente.

¿Y con qué técnicas han experimentado últimamente?

Verónica: Laboralmente me he desempeñado trabajando de manera digital, con Illustrator. Entonces me empezó a bajar la desesperación por volver a dibujar a mano. Y a partir de eso armé “Me pasa a veces”. La experimentación ahí fue pasar de lo digital a lo análogo. Pero además tengo la inquietud de probar con otros materiales, como acuarela u óleo, por ejemplo. Esas ganas siempre están. También, con Hernán somos unos viciosos de los workshops, que son talleres de una o dos sesiones. Somos bien busquillas a la hora de escogerlos. Nos hemos metido a workshops de lettering, de cuentos, de cómics…

Hernán: La idea es no cerrarnos a ninguna técnica. Probar de todo y aprovechar que estamos juntos y que tenemos los mismos intereses. Potenciarnos. Porque es un beneficio, creo yo, que a los dos nos gusten las mismas cosas. No hay que estar pidiéndole permiso al otro y decir: “Oye, voy a estar toda la tarde ilustrando porque tengo ganas, y disculpa si quieres hacer otra cosa, pero yo me voy a encerrar”. Para nada. ¡Nosotros nos podemos juntar a ilustrar!

Verónica: Igual, hay hartos ilustradores que se casan con ilustradoras… (risas). Pero es bacán. Yo creo que es difícil que haya un ilustrador que no le apasione la ilustración, porque es un trabajo difícil. Para Hernán sería más fácil ganarse la vida como arquitecto y para mí, como diseñadora. La ilustración requiere esfuerzo, talento y autoexigencia.

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Y cuando se juntan a ilustrar, ¿trabajan con música de fondo o en total silencio?

Verónica: No, nunca en silencio.

Hernán: Yo pongo “Mad Men” y la dejo correr mientras dibujo (risas). Pero como ya la he visto, la escucho no más. Eso hemos hecho últimamente, dejamos series de televisión de fondo.

Verónica: Pasamos por etapas, vamos cambiando. Como ahora tenemos Netflix, dejamos hartas series prendidas. Antes dejábamos Canal 13 de fondo y escuchábamos toda la programación (risas). Y típico que cuando es muy tarde, yo empiezo a hacer el mix de la Nueva Ola en Youtube (risas). Ponemos canciones y cantamos.

Cada uno de ustedes tiene un estilo muy particular, reconocible al ver sus ilustraciones. ¿Cómo llegaron a pulirlo, y de dónde vienen sus inspiraciones?

Hernán: Yo partí explorando todo el tema de la ilustración de los años 60 en Estados Unidos. Me enfoqué mucho en eso en el taller de Olea y Montt. Ahí descubrí muchos ilustradores que me gustaron, como Jim Flora por ejemplo, o los estudios de animación de esa época, como UPA. Olea y Montt llevaban muchos libros a sus clases, que es algo que la Vero ha seguido haciendo en sus talleres. Así que me encantó eso y es lo que he ido desarrollando hasta ahora, tratando de meterle harto de mi cosecha también.

Verónica: Bueno, este tema siempre sale en las clases de ilustración que hacemos con Lucía. Lo hemos conversado y hemos llegado a la conclusión de que no es necesario hacerse esa pregunta, porque puede ser fatal, por la angustia de no saber cuál es tu estilo personal. Uno no debería sentarse a buscar su estilo, éste debería salir solo, del trabajo diario. Cuando miro mi trabajo en ilustración no veo todo tan igual. He hecho cosas más realistas, otras más infantiles, y no me complica. Hay gente que me dice que ha visto cosas mías, en el metro por ejemplo, y que cacharon al tiro que era mío, “porque era muy tu estilo”, según ellos. Entonces creo que al final termina habiendo algo transversal que uno no ve, pero que para el resto se empieza a hacer obvio.

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Ustedes llevan pocos años ilustrando y sus nombres ya suenan dentro de los ilustradores chilenos más destacados. ¿Cuáles creen ustedes que son las razones de ello?

Verónica: No sé si ha sido talento o suerte. Yo creo que se trata de ser estratégico. Nosotros, no sé cómo, hemos logrado que nos inviten a exposiciones de Ilustrared, o exposiciones en la Plop! Pero al mismo tiempo, nosotros con nuestros amigos hacemos nuestras propias exposiciones. Yo expongo también mi trabajo en mi blog, y lo hacíamos también con Pinkit. La autogestión es clave. O sea, si alguien quiere dedicarse a la ilustración, no puede ser quedado. Como dice Marcelo Pérez en Grafiscopio, si uno se queda en la casa esperando que llegue la pega, es fatal.

Hernán: Yo creo que la Vero es muy buena en eso. A la hora de…

Verónica: ¡Del autobombo! (risas).

Hernán: Yo la molesto y le digo que es puro autobombo, pero tiene algo que a mí me cuesta más: es capaz de comunicarse con mucha gente a través de redes sociales y distribuir su trabajo también. El éxito de “Me pasa a veces” es estrictamente gracias a las redes sociales. Y eso también pasa al tener confianza en lo que uno hace. Uno no debería sentir vergüenza en publicitar su trabajo. Y si te das cuentas, al final la gente agradece cuando uno hace eso.

Y ustedes, que ya tienen un piso, que ya han hecho cosas y los conocen, ¿varían los precios según el cliente, o siempre manejan los mismos precios?

Hernán: Sí, varían. Depende para qué cliente se va a trabajar. Si es una empresa grande, que trabaja con esto, y tu ilustración no solamente va a salir publicada chiquitita, sino que va a tener millones de copias, y la va a ver mucha gente… eso influye mucho. Y de repente si es una publicación pequeña, que está recién partiendo y tú sientes que tu ilustración la podría ayudar, le cobras poco.

En ese sentido, como ustedes hacen algo que les gusta también, ¿cuánto convive el ad honorem con el cobro?

Hernán: Ese es un punto súper complicado. Es muy difícil manejarlo, porque de repente te ofrecen efectivamente algo sólo por vitrina y uno piensa “no, no puedo hacerlo”, y después “oh, pero qué entretenido el tema”, y uno lo termina haciendo igual. Yo, si tengo tiempo, y económicamente no me complica, lo hago no más. Pero por otro lado es pésimo porque le baja el nivel a todo el tema.

Verónica: No, pero es que ahí depende del contexto. Yo creo que siempre hay que ver la situación puntual. No se puede decir “yo jamás haría una colaboración gratis porque vicio el medio”. Depende también.

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Me comentaban antes que ustedes creen que ser ilustrador en Chile es difícil. ¿Por qué? ¿Sigue siendo complicado ahora que la ilustración está teniendo mayor reconocimiento en el país?

Verónica: Eso es buenísimo, pero pasa en un nicho súper cerrado. En el ambiente en el que estamos inmersos sí hay una mayor atención, pero si le empezamos a preguntar por eso a nuestros familiares, o conocidos…

Hernán: Ellos  tienen los mismos prejuicios que a lo mejor tuvimos nosotros cuando chicos, que el trabajo del ilustrador es “sólo hacer monitos”, y no una herramienta de comunicación, ni una forma de expresión. Se tiende a menospreciar.

Verónica: La gente nos pregunta: “¿Qué es un ilustrador? ¿Por qué le dices ilustración y no dibujo? ¿Por qué no eres simplemente un dibujante?”. Y uno les responde que se puede hacer una ilustración que no sea un dibujo. Y se quedan pensando. En el fondo, por eso es difícil ser ilustrador, porque hay mucho desconocimiento de lo que es la ilustración y es uno mismo quien tiene que conocer el mercado y saber las posibilidades del oficio.

Pero a pesar de que sea muy de nicho, el auge actual de la ilustración es innegable. ¿Por qué creen ustedes que se ha dado?

Hernán: Siento que la ilustración tiene una capacidad de expresar y comunicar ideas que otras disciplinas artísticas no tienen tanto. Es una herramienta en la que se pueden integrar todos los elementos que uno quiera, y eso lo están redescubriendo las editoriales, las revistas, los diarios.

Verónica: Yo creo que el colectivo Siete Rayas y la Plop! Galería han sido claves. Los Siete Rayas se juntaron y empezaron a hablar de la ilustración cuando nadie más lo estaba haciendo. Ellos, además, fueron los que comenzaron a realizar talleres de ilustración.

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¿Qué vicios ven ustedes en el desempeño de esta disciplina? ¿O qué falta por mejorar?

Hernán: Algunos clientes no respetan los horarios. Y eso habla de que no hay un respeto por tu trabajo. Hay mucha informalidad en ese sentido.

Verónica: O la misma informalidad de nosotros, los profesionales, de no saber muchas cosas legales al respecto. Cómo cobrar, cómo negociar los derechos, etc. Es lo que Grafiscopio está tratando de suplir, y ha sido un aporte increíble.

Hernán: Y está el típico vicio de la promesa de la difusión, cuando ofrecen vitrina. “No te pagamos nada, pero sí te damos la oportunidad de que tu trabajo lo vea mucha gente”. Eso es macabro, porque al final se fomenta el vicio. Mientras siga pasando, es muy difícil que la ilustración se profesionalice.

Verónica: También hay una falencia en las universidades, a nivel general, no sólo en la enseñanza de la ilustración. Nadie habla de plata ni enseña a hacer una boleta. Ahora, cuando me preguntan a mí cuánto cobré por tal trabajo, yo lo digo, porque encontraba bacán cuando yo preguntaba y me respondían. Alberto Montt me ayudó mucho en ese sentido. En general, los clientes tampoco saben cuánto cobrar. Ahí es cuando el ilustrador tiene que mostrarse profesional, manejar el asunto. Y no se puede dar un valor no más, hay que preguntar para qué se va a usar la ilustración, en qué tamaño, cuántas se van a imprimir, de cuánto tiempo se dispone para hacerla, etc.

A pesar de todo lo negativo, en general, hay mucha pasión en el ámbito de la ilustración. Y se nota.

Verónica: Totalmente. Porque al final la gente que ilustra es esa que ha dibujado toda su vida, y que el dibujo, algo tan sencillo como sentarse con un papel y un lápiz, les da un placer muy grande. Yo creo que el ilustrador es súper feliz haciendo eso. Después es infeliz cobrando, poniéndose de acuerdo con el cliente, viendo cómo se firma un contrato, que son los cachos que el ilustrador no quiere hacer y le cuesta. Pero el momento mismo de sentarse a crear… creo que hay muy pocas cosas que lo hagan tan feliz.

Hernán: Y por eso hay tanta pasión también, porque viene de personas que se atreven a dedicarse a esto. A mucha gente le gusta dibujar. Todos los niños dibujan. Pero es súper complicado hacer una carrera de eso. Yo no he logrado dedicarme a la ilustración y vivir de ella, tengo que compatibilizar dos cosas distintas. A diferencia de lo que hace la Vero que ha sido capaz de dedicarse completamente, y logra ordenarse en sus cuentas. Lo encuentro increíble, y creo que son pocos los que lo pueden hacer. Para ser ilustrador hay que ser apasionado y decidido.

¿Creen que si ahora decidieran dedicarse completamente a la ilustración, podrían mantenerse económicamente de ese trabajo y mantener una familia, por ejemplo?

Verónica: No es tan fácil, pero yo creo que es lograble. Sí, se puede. Pero la gente que lo ha logrado, ha cimentado su camino paso a paso. Hace dos años, Hernán no estaba contratado y yo sí, y hacíamos una muy buena dupla. Ahora hicimos cambio. Hernán está con un trabajo más formal y me dijo “ya Vero, esta es la oportunidad, lánzate a ilustrar tú”. Entonces yo creo que ahora sería un poco loco decir “ya, ahora los dos vamos a ilustrar”, especialmente si más adelante queremos tener hijos…

Hernán: Quizás sería arriesgar mucho.

Verónica: Sí. Pero si en 10 años más, yo veo que Hernán puede vivir absolutamente de esto, ¡lo voy a obligar a dejar la arquitectura! (risas).

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18 pensamientos en “Verónica Rodríguez y Hernán Kirsten: “Para ser ilustrador hay que ser apasionado y decidido”

  1. Qué buena entrevista. En general, me pasa que las entrevistas a ilustradores me dejan con gusto a poco, o son en medios más informales que no cuidan tanto la ortografía o la presentación en general. Me gustó mucho, tanto la entrevista como los entrevistados, ¡felicitaciones!

    • Inés, ¡la primera comentarista!
      Que rico leer que nuestro trabajo cumple uno de sus principales objetivos que es la de entretener y a la vez informar del medio gráfico con total profesionalismo (¡y eso que tan sólo vamos en la primera entrevista!). Al igual que los lectores, seguiremos conociendo a los autores detrás de la obra.
      Te esperamos semanalmente, ¡un saludo enorme!

  2. Muchas gracias, Inés! qué bueno que te gustó! A mí me pasaba lo mismo, también quedaba con gusto a poco, por eso quisimos apostar por entrevistas más extensas y en profundidad (y siempre cuidando la ortografía ;)) Vuelve cuando gustes. Abrazos!

  3. hola tuve la oportunidad de trabajar con Vero Rodríguez en el proyecto biblioteca y la felicito por jugársela por la ilustración: ¡Éxito! Ah! muy buena entrevista.

  4. Genial la entrevista, por lo general, y como dicen más arriba, en este tipo de cosas siempre se queda con gusto a poco. Además, es súper motivador escuchar a gente que ama tanto lo que hace, te inspira a seguir trabajando!!!

  5. Como decían más arriba, motiva bastante ver estas cosas y ver que hay ilustradores chilenos buenos (en todo sentido) y que se puede vivir de eso, mi sueño de hecho, y se ve que son una pareja bakan, yo me siento así con mi pareja también y tener un futuro bello haciendo lo que nos gusta, los dos estudiamos diseño y yo quiero dedicarme de lleno a ilustrar…se agradece estas entrevistas, te muestran otro lado de los ilustradores, sirve de inspiración y motivación, saludos

    • Muchas gracias por tu comentario, Francisco.
      Ese es el espíritu de esta iniciativa: motivar y por lo tanto hacer sin miedo. Echar el vuelo junto a lo que te gusta (y a quienes te gustan, ¡qué mejor!) .
      Un saludo, no dejes de leernos.

  6. Pingback: Paloma Valdivia y Dominique Schwarzhaupt: “La ilustración es 50% talento y 50% saber venderse” |

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